
PREPARACIÓN
El 'Gold Velvet' con Guinness se convierte en 'Black Velvet', terciopelo negro. La famosa cerveza negra, consumida en exceso, produce un curioso efecto. El dueño de un bar de la calle Fuencarral de Madrid que tenía acreditado ser uno de los lugares de Europa donde mejor se servía la caña de Guinness, me contó lo que sucedió en uno de los concursos que organizaba periódicamente para ver quién se bebía más pintas de la densa cerveza negra.
Quedaron finalistas un joven inglés y un tipo pequeñito de Vallecas con una panza como la de Buda. No sé cuántas pintas me dijo que se trasegaron, una enormidad, una cantidad de no creer. Pero llegó una pinta con la que ya no pudo el inglés. Muy digno, dejó el vaso mediado y dijo en un castellano macarrónico que no podía más, que no estaba borracho, pero que no le entraba físicamente ni otro sorbo. Con la misma dignidad se dispuso a salir muy tieso del bar. Mas el consumo masivo de Guinness produce un efecto de privación del cálculo de distancias y del sentido de la orientación. El inglés avanzó muy decidido hacia la puerta abierta, pero en vez de salir por ella se estampó contra la pared y cayó al suelo sin conocimiento. Lo transportaron al almacén, que hace las veces de sala de reanimación, y lo depositaron en el desvencijado sofá ubicado allí para tales menesteres. El pequeñín de Vallecas se terminó su pinta y la del inglés y fue declarado vencedor. El inglés durmió en el sofá veinticuatro horas.







