
Inés Sastre no ha escapado a lugares remotos para darse un chapuzón. Ella veranea en Sotogrande, un paradisiaco enclave donde el reportaje gráfico figura en el 'todo incluido'. Así que Inés, consciente de que iba a ser carne de teleobjetivo, ha decidido tomar medidas... Y las ha tomado de sisa, de cintura y hasta de cadera, porque se ha metido al agua embutida en algo que no sé si denominar caftán o chilaba, pero que en definitiva es una especie de camisola hasta la rodilla y de manga larga, tal vez perfecta para cruzar el desierto, pero absolutamente inadecuada para nadar en el mar. Y lo peor es que debajo de semejante prenda no llevaba un bañador normal, sino una especie de bikini con falda que bien podría denominarse 'el bikini de-Sastre' y que en sí mismo representa todo un manifiesto contra el emergente nudismo playero.
Y es que Penélope Cruz ha hecho mucho daño a la industria del tanga brasileño cuando hace unos días se dejó fotografiar en una playa luciendo un maxi-vestido y (esto casi es ya lo de menos) agarradita al cantante Bono. Si Pe va a la playa con más ropa que una afgana, nada ha podido impedir que Sonsoles Espinosa, la mujer del presidente Zapatero, se paseara anteayer por la arena de Sanlúcar con un modelazo tan sumamente vestido, serio y oscuro que no me habría extrañado que en el escaparate de la tienda donde lo compró lo vendieran con el cartelito de: 'Ideal tanatorios'. De ahí que las bañistas locales, con sus bikinis de lunares y los brazos en jarras, la miraran como diciendo para sus adentros: «Sonsi, que te vas a asar».
Con tanta tela marinera envolviendo cuerpos célebres, no me extraña que esas imágenes de doña Letizia, borrosas, lejanas, discretas donde las haya, en las que luce un bikini absolutamente normal, ora con gorra visera, ora con gafas de 'snorkel', hayan causado tanto revuelo.







