El transformismo camaleónico, según el viento que sople, es una función vital más con la que nacen muchos italianos. El 'voltagabbana', el chaquetero, es un personaje tan característico como el gondolero. Decenas de diputados cambian de grupo en cada legislatura y, al revés que en España, donde se mira mal a quien descuella, es deporte nacional acudir en auxilio del vencedor. Sólo tal civilización podía generar el extraordinario caso clínico documentado en Nápoles, capital de la genialidad en la supervivencia. Un tal A. D., de 65 años, sufrió un ataque de corazón en 2002 y se convirtió en alguien como Zelig, el personaje de Woody Allen que se mimetizaba con su interlocutor, adoptando su personalidad y profesión.
Este Zelig napolitano asombró a los médicos, que le sometieron a pruebas y siempre se metía en el papel: cocinero con los cocineros, notario con los notarios, psicólogo con los psicólogos. Un caso único que describieron en marzo en la prestigiosa revista 'Neurocase'. El hombre mantenía perfectamente conversaciones, con habilidad, y no era tonto, porque sólo hubo un oficio al que fue refractario, en la lavandería. Estaba incómodo y preguntó qué hacía allí. Su identidad variaba, pero no su carácter, siempre seguro y con afán de protagonismo. De joven fue actor, pero los médicos dan la clave reveladora: toda su vida había sido político.