
Si bien los bomberos mantenían ayer abiertas varias líneas de investigación, estas familias no albergaban dudas acerca del origen del fuego. «Lo veíamos venir. Ya hemos sufrido otros tres incendios, además de amenazas, robos y agresiones en los últimos cinco años. Mira, ojalá declaren el edificio en ruinas. Prefiero perder la vivienda a la vida», sentenciaba ayer una de las afectadas, que optó por no revelar su identidad por miedo a represalias.
No tienen ninguna duda. Según la versión de estos afectados, las llamas fueron fruto de la imprudencia de algunos jóvenes vecinos del inmueble, «a los que les da igual todo» y que se meten a «fumar porros por varios rincones del edificio, que es de madera», apostillaron.
«A raíz de lo que ha pasado, deberían tapiar los pisos vacíos para que no se cuele esta gente. Llevamos diez años así y esto va de mal en peor. Aquí ya no se atreve a venir ni el butanero, y el barrendero sólo si le escoltan», se dolía J. A., de 40 años.
En furgonetas
El enfrentamiento que viven unas familias y otras se materializó de forma patente ayer, cuando varias de las personas que habían optado por pasar la noche fuera del frontón -«dentro de sus furgonetas», según revelaron algunos de los afectados-, entraron al recinto. «Si están ellos aquí, nos vamos», amenazó en ese momento una de las vecinas.
Pero la inesperada visita fue vista y no vista, por lo que una calma relativa volvió a reinar en el lugar. «Yo vivía debajo del piso donde se originó todo. Mi casa no va a tener solución. Seguro que a mí no me dejan entrar a por mis cosas», suspiraba G. B., un joven vecino.
Uno de los puntos en los que también estaba de acuerdo este puñado de vecinos era en «lo bien» que se había portado el Ayuntamiento con ellos. «Nos han dado mucho apoyo en todo momento. El trato con nosotros ha sido fenomenal desde que se declaró el incendio», alabaron.









