
LOS DATOS
Se respeta, por tanto, el cuerpo principal del colegio, lo que supone «un paso importantísimo» para el mantenimiento definitivo del mismo, o cuando menos de su fachada. En cualquier caso, todo esto demuestra, según Gómez Ijalba, que la idea de respetar esta parte del edificio, objetivo principal del equipo de gobierno, «ha calado en la propiedad» pese a que cuenta con todo el beneplácito y el derecho para acometer el derribo total del complejo.
La demolición podría empezar la semana que viene, o como muy tarde la siguiente, y se calcula que el derribo podría materializarse en un plazo de diez a quince días. «Lo que sí es definitivo es que para primeros de septiembre deberá estar acabado», según el edil regionalista, y que durante este tiempo «no será necesario cortar el tráfico en la zona de Avenida de Colón». Tan sólo afectará a la parada del autobús que existe junto al colegio, que se desplazará esos días al cruce con Ciriaco Garrido.
La presentación del proyecto de derribo, cuya licencia está firmada aunque no notificada, demuestra que «la negociación sigue abierta y viva» y que la propiedad ha entendido «la importancia que tiene esta actuación para el equipo de gobierno», indicó el concejal del PR. Una negociación, dijo, que plantea «varias posibilidades por ambas partes» y que contempla desde usos públicos, dotacionales privados e incluso complementarios a lo residencial.
Sí adelantó Miguel Gómez Ijalba que los nuevos dueños del colegio se han comprometido a presentar al Consistorio un primer estudio de la ordenación de la zona antes del 15 de septiembre, sobre el que se puede empezar a negociar de manera más firme y definitiva. «Y viendo cuál es el deseo de ordenación y cuáles pueden ser los usos que se le quiere dar a ese edificio, es el momento para que la negociación entre en un segundo nivel», concluyó el concejal.





