
Como no podía ser de otra manera en una intervención de Sanz, la relación con el País Vasco apareció de forma destacada. Así, en el discurso que fue entregado a los periodistas, el primer epígrafe tras la introducción se titulaba 'Vascos y navarros', justo por delante de 'Política económica'. Apenas folio y medio en el que el líder de UPN explicitó «las señas de identidad que le son propias y peculiares» a Navarra.
Para Sanz, entre ambas comunidades existen «puntos de coincidencia y características culturales similares», pero también profundas diferencias. «Lo vasco y el euskera son elementos que enriquecen esta identidad (la navarra), pero no constituyen la esencia específica de la misma», afirmó el dirigente regionalista, quien añadió: «La naturaleza vasca de Navarra trasciende en mucho a la existencia de un proyecto nacionalista vasco y no plantea ninguna necesidad de incorporación a la Comunidad Autónoma Vasca».
Sanz no se movió ni un ápice de su ya conocido discurso y volvió a rechazar la creación de un «ente común» con Euskadi, una reivindicación de Nafarroa Bai. A su juicio, se trata de algo «ficticio», que «no genera» beneficios a los ciudadanos. Por contra, según Sanz, su puesta en marcha entrega «una preciada presa a quienes persiguen una nueva realidad política que existe en un imaginario de territorialidad y autodeterminación». Para disipar cualquier duda, el líder de UPN puntualizó que la colaboración con Euskadi es «algo consustancial con el progreso» y se orienta «de igual manera hacia Aragón, La Rioja o Castilla y León».
«Siglos y siglos»
En todo caso, matizó que «está fuera de lugar» afirmar que los navarros «queremos vivir de espaldas al País Vasco». A su juicio, «resulta evidente y es innegable» que ambas comunidades pertenecen «a una misma realidad nacional que se llama España». «Llevamos siglos y siglos compartiendo, no sólo nuestro carácter de compatriotas, sino también unas relaciones normales», manifestó.
Esperanzado en ver una Navarra «libre de violencia y del chantaje terrorista», Sanz aseguró que la comunidad foral no puede ser parte «de la solución», porque no es «parte del problema». «No puede ser solución política para ninguna fuerza política», resaltó.
En su opinión, la «constatación» de que la «pretendida territorialidad no tiene base alguna» se resuelve contestando a una pregunta: «¿En algún momento de la historia, Navarra y el País Vasco han tenido algún tipo de institución común o han pertenecido a una misma realidad institucional, salvo la española?».







