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Sanz lanza guiños al PSN pero amenaza con elecciones si Navarra es «ingobernable»
Reclama en su discurso de investidura «diálogo» para lograr «estabilidad» Subraya que los constitucionalistas tienen el 72% de los escaños

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Sanz lanza guiños al PSN pero amenaza con elecciones si Navarra es «ingobernable»
PAMPLONA. Miguel Sanz sonríe tras su discurso de investidura. / EFE
Miguel Sanz lanzó ayer una oferta de diálogo a los socialistas navarros para dar estabilidad al futuro Gobierno conformado por UPN y CDN, pero también advirtió de que no dudará en convocar nuevas elecciones si la situación se hace «ingobernable». El líder regionalista intervino en el Parlamento foral durante la primera de las tres jornadas que componen la sesión de investidura, tras la cual, y salvo sorpresas, saldrá elegido nuevamente como presidente de la comunidad. El PSN rechazó de inmediato este acercamiento. Previsiblemente, será mañana cuando Sanz logre los votos suficientes para renovar su cargo.

El culebrón navarro toca a su fin tras dos meses de fallidas negociaciones y polémicas que han colocado en una situación muy complicada al Partido Socialista. La desautorización que sufrió la semana pasada el PSN a manos de la ejecutiva federal del PSOE ha puesto en bandeja de plata el Ejecutivo foral a Sanz, en el poder desde 1996.

El dirigente foralista subió al estrado de oradores para detallar su programa durante los próximos cuatro años. A pesar de la expectación creada entre los medios de comunicación, fue una sesión sin sorpresas, sobria, que apenas se prolongó por espacio de 70 minutos y en la que Sanz confirmó lo que había venido reiterando durante los últimos días: un tono conciliador y cargado de guiños hacia el PSN.

Consciente de que cuenta con los apoyos suficientes para salir elegido -UPN y CDN, su socio de gobierno, suman 24 escaños y no hay ninguna otra alternativa-, pero también de que no tiene mayoría absoluta -situada en 26- y de que puede ser una legislatura complicada, se esforzó en intentar tejer una red de complicidad con los socialistas para alcanzar acuerdos que «garanticen la estabilidad y la gobernabilidad». Ni una sola crítica de calado a la formación dirigida por Carlos Chivite. Todo lo contrario.

De los 50 folios que conformaron su discurso, Sanz dedicó la mayor parte de ellos a explicar los proyectos sectoriales que piensa desarrollar: de los transportes a la educación o la política económica. Sólo reservó siete páginas para analizar lo sucedido los últimos meses, la relación con Euskadi o lo que puede deparar el futuro dada su situación de minoría parlamentaria. Sin embargo, fueron las de mayor enjundia; las que abrieron y cerraron su discurso.

Sanz echó mano de Gabriel Urralburu -presidente de Navarra por el PSN entre 1983 y 1991- para recordar que en anteriores ocasiones hubo gobiernos en minoría que desarrollaron «bien» su trabajo gracias a que se encontraron con una oposición -en aquel entonces UPN- que ejerció de forma responsable su trabajo. Una «lealtad» que reclamó ahora al PSN.

La estrategia diseñada por el presidente de los regionalistas pasó por desacreditar el llamado «pacto de progreso» que estuvieron a punto de firmar el PSN, Nafarroa Bai e Izquierda Unida. Sin citar en ningún momento de forma explícita a la coalición vasquista, afirmó que durante las últimas semanas «la palabra progreso ha sido una de las más manidas y patrimonializadas».

En un intento por atraer a los socialistas y alejarles de la influencia de Na-Bai, Sanz realizó su particular análisis de las elecciones del 27 de mayo. En su opinión, la sociedad no votó en función de la dicotomía izquierda-derecha, sino que trazó «una línea divisoria clara y diáfana» entre las formaciones que «respetan» el actual estatus de Navarra «con identidad propia» y las «organizaciones nacionalistas» que se presentaron a los comicios con el «único objetivo» de modificar ese marco jurídico. «Los ciudadanos depositaron su confianza en fuerzas constitucionalistas, que representando proyectos políticos diferentes, persiguen el equilibrio territorial dentro de la Constitución y el Amejoramiento», afirmó Sanz. Un grupo en el que incluyó a UPN, CDN y PSN, con el 72% de los escaños del Parlamento.

Segunda jornada

Ya en el acuerdo que suscribieron el miércoles, UPN y CDN acordaron reformar su gobierno si finalmente los socialistas desean incorporarse al mismo. Por si quedaba alguna duda, Sanz remachó ayer: «Hago un llamamiento a todas las fuerzas, especialmente al PSN, para que trabajemos juntos por el interés de Navarra».

Pero el líder regionalista también lanzó una advertencia. Ante la posibilidad de que los grupos de la oposición impidan a su Ejecutivo desarrollar en condiciones normales su labor, amenazó con una nueva cita con las urnas. Señaló que sobre él «recaerá de manera plena la capacidad de otorgar nuevamente la palabra a los ciudadanos si la comunidad se hace ingobernable». En este sentido, el secretario general del PP, Ángel Acebes, deseó que el Ejecutivo de Sanz dure toda la legislatura, mientras que el portavoz del PSOE en el Congreso de los Diputados, Diego López Garrido, matizó que su partido «no tiene prisas en gobernar» Navarra.

La sesión de investidura proseguirá hoy con la intervención de los grupos parlamentarios y las réplicas y contrarréplicas de Sanz. A media tarde se celebrará una primera votación. El líder de UPN no saldrá elegido presidente foral, ya que no puede obtener mayoría absoluta. La votación final se producirá el sábado; sólo necesita mayoría simple. Después de que los socialistas navarros fuesen llamados al orden para que se abstengan, no se prevén sorpresas.
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