
PREPARACIÓN
Un buen calvados -de la marca Coquerel, por ejemplo, o mejor aún, Père Magloire- es una delicia. También procede de Normandía este aguardiente de sidra de aroma complejo y sabor pleno y afrutado. Tiende a servirse por estos pagos muy frío y en vasito helado, como si fuera vodka o un orujo; es una lástima. Recomiendo tomarlo a temperatura ambiente y en copa de balón -sin calentarla previamente; esa horrible costumbre extendida para el brandy saca los peores humores del licor-, que es como se perciben sus nobles propiedades.
El Dubonnet es un famoso aperitivo francés que se comercializó en París en 1846. Es una mezcla de vinos quinados del sur de Francia con hierbas y especias. El de color rojo, que es el del Bentley, es el más popular.
A cuenta del Dubonnet hay una anécdota protagonizada por el gran actor Spencer Tracy, impenitente dipsómano durante toda su vida. Para un rodaje fuera de Hollywood -no recuerdo qué película era-, los abogados del estudio le habían hecho firmar un contrato que contenía una cláusula de indemnización si bebía alcohol. Pero en vez de expresarlo así, se especificaba un largo listado de bebidas alcohólicas que se le prohibían. Tracy mostró el listado al 'barman' del hotel y le preguntó si tenía o existía una bebida espirituosa no incluida en la lista. El versado camarero le dijo que sí, el Dubonnet. Spencer suspiró aliviado y encargó varias cajas de Dubonnet. Ése fue el consuelo de Spencer Tracy y no en este caso su eterna amante Katharine Hepburn, como habrían podido pensar al leer el título.







