LOS DATOS
La prohibición fue comunicada ayer a la Federación de Pesca de Guipúzcoa y el decreto foral se publicará hoy. La medida intenta por todos los medios impedir que el mejillón cebra invada las aguas, dado que cada hembra puede producir un millón de huevos al año. En las cuencas del Júcar, del Segura y del Ebro, donde se comenzó a extender a partir de 2001, conocen ya los estragos que provoca en la naturaleza y en las tuberías e infraestructuras hidráulicas, conductos que llega a obturar.
Asier Arrese, director de Montes y Medio Natural de la Diputación, explicó que la prohibición afecta a la pesca en todos los ríos y embalses de Guipúzcoa. «La temporada alta de pesca fluvial finalizó el 31 de julio, pero la veda sigue abierta en los pantanos y en los cotos cerrados hasta setiembre. Como medida preventiva, se prohíbe totalmente y de forma inmediata. Después de septiembre, en función de la evolución de las larvas, se adoptarán las medidas oportunas».
Técnicos extrañados
Esta orden se basa en el riesgo que supone la pesca como medio de dispersión. Cualquier elemento, bien sean botas, salabardos o cañas, puede ser vehículo de transmisión de sus larvas, ya que apenas miden la décima parte de un milímetro. También se ha prohibido el baño y el uso de embarcaciones en ríos y embalses, así como cualquier actividad que suponga movimientos de material y de personas que están en contacto con el agua.
Como medida preventiva, se evitará la aportación de agua desde el embalse al río Agauntza, afluente del Oria, trasvase que se suele efectuar para regular el caudal ecológico de estos ríos.
Arrese señala que entre los técnicos forales ha causado extrañeza que precisamente haya sido Lareo el primer lugar de la cuenca norte donde se han detectado las larvas.
«Sabíamos que se habían encontrado mejillones cebra en el pantano de Sobrón, entre Álava y Burgos. Por tanto, era cuestión de tiempo su expansión en Euskadi, pero lo raro es que el salto se haya dado a Lareo, una presa aislada. Las tomas se realizan en Maizilla, aguas arriba, y llegan a Lareo a través de conducciones. Además, en Lareo la práctica de la pesca es reducida». Por tanto, según el director foral, las larvas han debido de llegar en los aparejos de algún pescador que haya estado en cuencas ya infestadas.
Obligada convivencia
En opinión de Arrese, este aislamiento puede ser un elemento que dificultará que la plaga se consolide. «El índice encontrado es bajo y, además, la prohibición de pescar acota el problema. Estamos en un compás de espera y veremos cómo evoluciona. Si se reproduce y expande, no tendremos más remedio que convivir con ello e incidir en el control y en la limpieza de las conducciones hidráulicas. Si finalmente las larvas escapan, se expandirán por el Agauntza y llegarán a Ataun, Lazkao... Pero vamos a ser optimistas».
La detección de larvas en Lareo fue realizada por la Confederación Hidrográfica del Norte (CHN) en unos muestras efectuados la última quincena del mes pasado. Además de en Lareo y en el río Agauntza (en su misma cuenca), se analizaron la aguas del Oria (en Tolosa) y de la presa de Arriaran, con resultado negativo.
La Diputación efectuará controles específicos de los ríos mediante su red de control de calidad del agua. Las aguas de Lareo se seguirán utilizando para el suministro de Ataun. Asier Arrese afirma que el agua, tras pasar por los sistemas de depuración habituales, es perfectamente apta para el consumo.







