Sus principales tareas son las siguientes: la regulación del tráfico en una ciudad salpicada de cortes de calles en esas fechas; la lucha contra la delincuencia, en especial para disuadir a los carteristas con atención preferente a la zona de las barracas; el control de ruidos en la 'capital de la fiesta' durante nueve días; y la persecución de la venta ambulante ilegal, con la novedad este año del veto a los megáfonos. En definitiva, mucho trabajo por delante y nada fácil.
Los responsables del Ayuntamiento bilbaíno, que presentarán hoy el dispositivo de seguridad de la nueva edición de la Semana Grande, acompañan la operación con un importante despliegue en otros servicios. Uno de los que más va a sudar es el de limpieza, un trabajo sucio que alguien tiene que hacer. El año pasado se retiraron 500 toneladas de residuos para mantener las calles como si nada hubiera pasado, después de nueve días en los que, como siempre, pasó de todo.









