
¿El móvil? A su juicio está «meridianamente claro». Se quiere forzar el realojo de los residentes en otros pisos sin esperar los plazos que exigen los planes de regeneración previstos para la zona. No en vano, se pretende que el inmueble, uno de los más degradados de la localidad, aguante en pie todavía de dos a cinco años más, hasta que se complete la construcción de 1.350 viviendas en la zona de La Punta del Carmen. Su ubicación actual no genera problemas para avanzar en la revitalización del municipio, ya que el solar que deje el bloque está integrado en una gran plaza que se habilitará al final de la actuación.
«Hay gente que quiere meter prisa a los responsables de realizar los realojos, gente interesada en generar expectativas y aprovecharse de la situación», se lamentó el mandatario local. Sólo así entiende que, en menos de un mes, un piso que «está vacío, sin luz ni agua, haya sufrido dos inundaciones y este incendio». «Alguien ha entrado aquí para provocar esas cosas», añadió.
En cualquier caso, y hasta disponer de datos concluyentes sobre lo ocurrido, el Ayuntamiento se ha volcado en garantizar la seguridad de los vecinos. El arquitecto municipal y el propio alcalde visitaron ayer el interior del edificio para determinar si pueden retornar a sus hogares. «Probablemente a partir de hoy vuelvan los primeros, aunque los residentes cerca del piso incendiado lo tendrán más difícil», adelantó Marcos Merino. La opción de declarar el inmueble en ruina todavía sigue en el aire, «pero, en cualquier caso, sería un proceso lento y, mientras tanto, se podrá vivir en los pisos que estén condiciones».
Esperanza en la miseria
Los habitantes de la 'Casa grande' pululaban ayer desesperados por las inmediaciones del inmueble. «Así no podemos seguir viviendo, esto es infrahumano, ¿que nos realojen ya!», protestaban varias familias que decían residir en el edificio, «de toda la vida», y que rehusaron dar sus nombres por temor a sufrir represalias. Culpan de la degradación de sus hogares y del entorno a las familias problemáticas que proliferan en el barrio.
«Antes aquí se vivía de maravilla, y la 'Casa grande' era uno de los emblemas de Sestao», recordaba orgullosa una de las residentes más veteranas. Ahora, sin embargo, tienen que vivir «como las gallinas; en cuanto oscurece nos encerramos en casa porque nos amenazan, nos pegan y nos roban». Todo, a su juicio, «porque estas personas han traído la marginalidad al barrio al destrozarlo todo. ¿Si hasta el Ayuntamiento tuvo que reforzar la fachada trasera con una placa metálica porque arrancaron una viga maestra!».
Lo cierto es que unos y otros se acusan de la situación que soportan en la actualidad. «Esos que nos atacan son en realidad los que lo llenan todo de basuras y no cuidan nada de nada», recriminaba Elena Jiménez. Ella también espera con ansiedad que llegue el momento del realojo. Mientras tanto, tiene que «sobrevivir» con seis hijos a su cargo en un piso cuyo interior esconde 13 puntales. «El Ayuntamiento los colocó hace poco más de un año para que no se derrumbe todo el edificio».









