El señor Sarasketa utiliza otro verbo que no admite duda; el verbo desvedar que significa «alzar o revocar la prohibición de algo». Y ese es el verbo que ha empleado para hablar de la «apertura de la desveda» de la codorniz incluyendo unos comentarios de tipo crematístico que me han dejado un tanto perplejo porque yo no sabía que una simple codorniz pudiera salir tan cara.
Según leo en su columna del sábado 4, existen cotos donde hay muchas codornices y otros en los que escasea la citada gallinácea. Pero al parecer, hay una empresa que garantiza a sus clientes (cazadores por supuesto) que no se van a ir de vacío, contando con que afinen la puntería.
La empresa lo que garantiza es el avistamiento diario de 80 a 100 codornices (¿las tendrán amaestradas?) y allá cada cual con su puntería, porque habrá quien ponga la bala donde pone el ojo y otros que ponen el ojo en un sitio y los perdigones en otro. Pero me voy a poner en el mejor de los casos para hacer la cuenta de lo que le puede costar a un cazador cada una de las codornices que cobre.
Según cuenta el señor Sarasketa, el precio por cazar de tres a cinco días es de 1.200 euros, que en pesetas (como nos entendemos mejor los veteranos) vienen a ser unas 200.000 cucas (cucas son pesetas, que así viene en el diccionario). Si a esto se añade el precio de los permisos y guías locales y el alojamiento en régimen de pensión completa, yo calculo que, aun cobrando todas las piezas (como máximo un centenar), el precio de cada codorniz no bajará de las cuarenta o cincuenta mil pesetas. Lo que supondrá, para un cazador de puntería medianeja, pagar por una simple codorniz hasta cien mil pesetas.
Claro que a esto pueden responder los cazadores con una frase popular y muy sensata: «Pero que me quiten lo bailao».










