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VIZCAYA
La crisis industrial agudizó el declive de un barrio levantado para los obreros
Simondrogas acogió a numerosas familias sin recursos tras las inundaciones de Bilbao en 1983
10.08.07 -
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Simondrogas asiste resignado al final de su historia. La regeneración de Sestao contempla la desaparición de uno de los barrios con más solera de la localidad. Un populoso enclave levantado para acoger a los miles de obreros que llegaron a finales de siglo XIX para abastecer a la floreciente industria. «La instalación de las fábricas marcó el despegue demográfico de Sestao», explica el cronista local, Eleuterio Gago. En 1877 se instaló la fábrica de San Francisco y el municipio pasó de 400 a 1.500 habitantes. Faltaban hogares para todos.

El desarrollo urbanístico arrancó en la zona de La Punta, pero el imparable aumento de población pronto obligó a ocupar nuevos suelos. Se eligió el paraje de Simondrogas para albergar un nuevo barrio. La 'Casa grande' se inauguraba en 1892. «Fue concebida para la clase obrera», remarca Gago. Los pisos eran ocupados por varias familias. «Cada una vivía en un cuarto y la cocina y baño eran elementos comunes», matiza.

El edificio conservó su lozanía hasta los años 80. El historiador asegura que el inicio de su declive tuvo una fecha concreta: agosto de 1983. Tras las inundaciones de Bilbao, muchas personas sin recursos de San Francisco o El Peñascal se quedaron sin hogar. «Y el Gobierno vasco miró a Sestao, donde la reconversión industrial había provocado la fuga de vecinos, que vendían sus casas a bajo precio».

En Simondrogas se asentaron las primeras familias y el barrio empezó a sufrir las consecuencias de la marginalidad. Desde entonces, la cuesta abajo ha sido imparable. La 'Casa grande' consiguió sobrevivir a los primeros embates de la degradación, pero la última década ha acabado con su antiguo esplendor.

Ya no es ni sombra de lo que fue. Las grietas campan a sus anchas, hasta el punto de tener que apuntalar varios pisos para evitar su desplome. De los portales han desaparecido los buzones y hasta los contadores de la luz, sustituidos por cables que surcan los descansillos. El inmueble espera estoico un desenlace anunciado entre montones de basura y charcos de agua malolientes.
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