El desarrollo urbanístico arrancó en la zona de La Punta, pero el imparable aumento de población pronto obligó a ocupar nuevos suelos. Se eligió el paraje de Simondrogas para albergar un nuevo barrio. La 'Casa grande' se inauguraba en 1892. «Fue concebida para la clase obrera», remarca Gago. Los pisos eran ocupados por varias familias. «Cada una vivía en un cuarto y la cocina y baño eran elementos comunes», matiza.
El edificio conservó su lozanía hasta los años 80. El historiador asegura que el inicio de su declive tuvo una fecha concreta: agosto de 1983. Tras las inundaciones de Bilbao, muchas personas sin recursos de San Francisco o El Peñascal se quedaron sin hogar. «Y el Gobierno vasco miró a Sestao, donde la reconversión industrial había provocado la fuga de vecinos, que vendían sus casas a bajo precio».
En Simondrogas se asentaron las primeras familias y el barrio empezó a sufrir las consecuencias de la marginalidad. Desde entonces, la cuesta abajo ha sido imparable. La 'Casa grande' consiguió sobrevivir a los primeros embates de la degradación, pero la última década ha acabado con su antiguo esplendor.
Ya no es ni sombra de lo que fue. Las grietas campan a sus anchas, hasta el punto de tener que apuntalar varios pisos para evitar su desplome. De los portales han desaparecido los buzones y hasta los contadores de la luz, sustituidos por cables que surcan los descansillos. El inmueble espera estoico un desenlace anunciado entre montones de basura y charcos de agua malolientes.









