
PERFIL
El día se presenta ajetreado. El sol cae en picado pero los hay que derrochan energía sin derretirse: un grupo de niños corretea por la orilla, con los remos en alto y el chaleco salvavidas desabrochado. La novedad les ha revolucionado. Aunque no tardan en recuperar la formalidad al ver a los monitores: remar es fácil, pero con el baile de San Vito en el cuerpo no existe piragua que aguante. Se debe circular con orden, sin maniobras extrañas. Mikel se ganaba la vida de camionero antes de aterrizar en Laida y no ha perdido el gesto impasible de quien rueda durante horas con los ojos perdidos en el asfalto. Mantiene los cincos sentidos en tensión y, sin embargo, parece ausente. Así conserva intactas sus fuerzas.
Mikel descansa en invierno, cuando en Laida sólo buscan diversión las gaviotas. El resto del año, trabaja de diez a ocho, si bien muchas veces todo se queda en agua de borrajas. «Estamos en manos de las mareas, que cambian día a día y condicionan nuestras salidas. Pero, claro, al margen de eso, lo más importante es el tiempo. Nadie se pone a remar cuando está lloviendo, la gente quiere pasarlo bien».
Despistados en Gernika
El entusiasmo, no obstante, puede jugar malas pasadas: algunos avanzan tan embalados que, en lugar de bajar por la ría de Gernika hasta Laida, se desvían hacia el propio pueblo... «Durante el verano, siempre hay dos o tres que se pierden. Pero no pasa nada, nos llaman con el móvil y vamos a recogerles». Se encoge de hombros y bebe un sorbo largo de cerveza. Las cosas bajo control, el rostro sereno y la espalda bien erguida. Nunca falla. Cuando se va de esa manera por la vida, en canoa o sobre cuatro ruedas, se llega muy pronto adonde uno desea. Lo tiene comprobado. «Por lo demás, nunca pasa nada grave. No te caes al agua si no quieres».
Mikel ha cumplido 47 años y no piensa soltar las riendas. Sobre todo ahora que recalan en estas orillas, poco a poco, turistas de Italia, Francia y Gran Bretaña. Y también suecos, capaces de recorrer en menos de tres horas el tramo entre Gautegiz-Arteaga y Laida sin sufrir agujetas al día siguiente. Él quiere estar aquí para verlo. Seguirá quemando kilómetros, sin perder el norte...









