Son créditos hipotecarios, a un precio superior al habitual, concedidos a clientes con escasa solvencia económica y un dudoso historial en el cumplimiento de sus compromisos crediticios. En Estados Unidos fueron otorgados de forma masiva en los años del 'boom' inmobiliario, hasta llegar a representar en torno al 12% del total, con 1,3 billones de dólares de saldo vivo. No existen productos similares ni en España ni en Europa. El problema llegó con el enfriamiento del mercado de la vivienda a mediados del año pasado -los precios han iniciado una caída en picado tras haber tocado techo- y la escalada de los tipos de interés, que llevaron a muchos ciudadanos a dejar de pagar las cuotas. Los bancos cortaron la financiación a las entidades volcadas en este negocio, que veían cómo se desplomaba el valor de las casas cuyas hipotecas ejecutaban. Algunas de ellas no han tenido otra salida que declararse en suspensión de pagos. Primero fue New Century en abril y recientemente American Home Mortgage.
Para diversificar riesgos, las entidades norteamericanas emitieron bonos garantizados con las 'hipotecas basura', que adquirieron fondos de inversión de bancos de todo el mundo, incluidos los europeos. El valor de estos activos se ha desplomado. De ahí que firmas como BNP Paribas se hayan visto obligadas a suspender los reembolsos de tres de sus fondos, que gestionan 1.600 millones de euros, al no poder calcular su cotización. El Bundesbank también ha tenido que salir al rescate del alemán IKB por las abultadas pérdidas que acumula por sus vínculos con el mercado 'subprime'.
El continuo goteo de entidades afectadas por la crisis de las hipotecas de alto riesgo ha sembrado la desconfianza en los mercados y disparado la aversión al riesgo. No se sabe qué firmas están 'contaminadas' ni en qué cuantía. Por eso hay resistencia a prestarse dinero unos a otros y se han endurecido las condiciones de acceso a la financiación. Prueba de ello es que el tipo de interés al que los bancos se dejan dinero entre ellos se disparó el jueves hasta un máximo en seis años, al alcanzar el 4,6%. Esta repentina y grave sequía de liquidez hizo saltar todas las alarmas y llevó a actuar al Banco Central Europeo (BCE). Su intervención fue respaldada después por la Reserva Federal norteamericana y el Bando de Japón.
Para evitar una crisis de liquidez o colapso crediticio, el BCE está adjudicando en subastas extraordinarias ingentes cantidades de fondos. El jueves fueron 95.000 millones de euros y ayer cerca de 61.000. Con esta medida y su disposición de poner efectivo de forma ilimitada en el sistema está tratando de hacer bajar el tipo de interés interbancario hasta situarlo cerca de la tasa de referencia, situada en el 4%. La Reserva Federal y el Banco de Japón también están inyectando liquidez para aliviar las tensiones en el mercado del dinero.
En general la aplauden, aunque critican la falta de información que ha acompañado a la mayor inyección de efectivo de la historia, muy superior a la que proporcionada el día después de los atentados tterroristas del 11-S. El Banco Central Europeo se ha limitado a justificar su actuación con lacónicos comunicados sobre la necesidad de un ajuste de la provisión de liquidez. Esta escasa claridad ha disparado el temor a que la institución conozca la existencia de una grave amenaza para el sistema financiero mundial. Se especula, entre otras cosas, con que pueda haber serias dificultades para la financiación de operaciones corporativas a través del capital riesgo. Todas estas incertidumbre han hecho tambalearse a las bolsas de todo el mundo, mientras los inversores abandonan en estampida el parqué.









