Todos los jueves, excepto en agosto, la asociación se reúne a las 19.30 horas en la Escuela de Empoderamiento de la localidad. Allí prestan apoyo, informan y aconsejan a toda aquella que se acerca. Luz Marina sabe muy bien que el proceso de adaptación es muy duro. Al escuchar la palabra integración, esboza una sonrisa agridulce.
«No existe porque las leyes sólo ponen trabas para encontrar trabajo, asentarse, reunir a la familia... para casi todo», censura esta colombiana que llegó a Basauri hace nueve años. Entonces, la presencia de extranjeros era casi anecdótica. Su experiencia le dice que la discriminación es puntual y que «hay que aprender a querer el lugar al que uno viene». «Yo siempre digo que tengo dos patrias», manifiesta Luz Marina.





