
VITESSE 0 - ATHLETIC 1
La película del 'no partido' comenzó con una censurable agresión a Javi Martínez. Corría el minuto 78 de un choque sin demasiada historia cuando Gill Swerts, jugador local que apenas llevaba unos instantes sobre el césped del Gelredome, soltó un puñetazo al rostro del centrocampista navarro. Cayó al suelo. Sin apenas moverse. Nada. Expósito acudió como un rayo y se encaró con el agresor. Entonces se desató el caos. Los futbolistas de ambas escuadras empezaron a discutir, a empujarse, a cogerse de la pechera y, poco después, llovieron golpes por todos lados. Joaquín Caparrós se remangó también para meterse en el fango de la vergüenza y llegó a las manos con el segundo entrenador del Vitesse. Las iras del respetable se focalizaron enseguida en el preparador utrerano, muy protestado por el público por sus continuos reproches al árbitro durante el encuentro.
Cuando parecía que la cosa se calmaba, llegaron más palos. Incluso algunos aficionados bajaron al césped para participar en la refriega. Mientras unos separaban, otros daban, y así hasta el final. Una vez recuperado el sentido común, se calmaron los ánimos y los jugadores enfilaron hacia el túnel de los vestuarios. No hubo para más. El Athletic montó en el autobús y partió rumbo a Amsterdam donde cogió un vuelo con destino a Vitoria.
El 'no partido'
Antes de la pelea, aunque parezca increíble, hubo partido. Nada del otro mundo, pero partido al fin y al cabo. El encuentro, en el que el Vitesse debía calibrar el potencial real del Athletic tras cuatro amistosos contra rivales muy inferiores, fue un tostón. Los dos conjuntos jugaron a velocidad de tortuga -ni siquiera llegaron a meter la tercera- y la falta de ritmo campaba a sus anchas. Ante la ausencia de juego, fue Caparrós el que ofreció espectáculo al protestar absolutamente todo. Un muestra más del carácter del sevillano que, poco a poco, también ha interiorizado una plantilla cada vez más contestataria con la ley.
El arranque del partido fue para el Vitesse que tocó y combinó más, aunque sin llevar demasiado peligro a la portería de Iraizoz. El Athletic, por contra, inconexo y disperso, necesitaba alambre para atar sus líneas. Pero, con un poco de criterio y acierto, llegó y marcó. Llorente cabeceó un centro de Etxeberria y abrió el melón. Uno de uno. Efectividad aplastante. El riojano. que ha sumado cuatro tantos en Holanda, pidió cambio por unas molestias en el peroné.
El Athletic, a diferencia de lo visto hasta ahora, no pretendía el balón. Se sentía cómodo ante un Vitesse combinativo pero poco resolutivo. Todo el juego de los locales pasaba por las botas del joven Anduele Pryor, que mostró destellos de calidad en un partido sumido en la tristeza. En la segunda mitad apretó el Vitesse, con más corazón que criterio, pero se estrelló una y otra vez contra la zaga rojiblanca. Así se llegó al minuto 79. A la vergüenza. La que pasaron tanto los futbolistas como el público.









