
LOGROÑÉS 0 - BURGOS 0
Enfrente se encontraba un equipo en plena reconstrucción: desde su entrenador a la práctica totalidad de la plantilla. Quizá por eso el conjunto castellano ha empezado por buscar la solidez defensiva. Y, de momento, la va encontrando: cuatro duelos y cero goles encajados.
A eso debe agarrarse el Logroñés, a que no es fácil crear peligro ante un Segunda B. El problema es que si la dinámica continúa, los hombres de Quique Setién deberán resultar letales y eficaces cuando se encuentren delante del marco rival. Y a la vista de los acontecimientos (360 minutos) algo debe cambiar para dar una mayor sensación de peligro. Y eso que, a lo mejor es por deseo, los blanquirrojos transmiten buenas sensaciones a balón parado. Por lo menos rematan y dificultan la labor de la defensa contraria. Pero este aspecto se queda corto para las aspiraciones de un club que se ha propuesto unas metas mayores a las de la campaña precedente.
En lo que sí debe estar orgulloso el técnico cántabro es en la actitud de los suyos para querer hacerse amigos del balón, asumir el mando del partido para cansar y mover al equipo rival, para no rifar el esférico y despejar sin sentido, para cerrar los espacios en las bandas, para evitar que les creen ocasiones -sólo hubo una y Heras se encargó de solucionar en la misma raya de gol un desajuste defensivo-, para, en definitiva, ser un bloque rocoso difícil de superar.
Presión en la medular
El partido debe servir para comprobar cómo se las gastan los equipos del grupo. El Burgos ofreció contundencia y ejerció una fuerte presión en el inicio de la elaboración, por lo que tanto Jaume como Candelas -hay momentos, pese a sus múltiples intentos por ayudar y sentirse útil, en los que no se nota su presencia- tuvieron que hacer un trabajo extra para facilitar, en la medida de lo posible, un mejor tránsito.
En las bandas, la salida de Omar dio aire fresco, así como velocidad y mordiente. A Gallego le falta culminar mientras que José se encuentra más cómodo cuando busca el centro. En esa parcela, Iván Díaz no encontró el sitio. Mientras que arriba, Tomi cubre bien el balón y lo sabe jugar, pero carece de instinto rematador, mientras que Cyril le puso mucha voluntad.





