
LOS DATOS
Jorge nació en Eibar en 1975, y pasó sus primeros 17 años de vida en la villa armera, una época de la que guarda «muy buenos recuerdos». En 1992, por motivos laborales, la familia entera se tuvo que trasladar a Getxo. En el municipio vizcaíno pasó cinco años. «Al principio, echaba de menos Eibar, pero poco a poco me fui adaptando a mi nuevo entorno, pronto conocí a gente y me hice un círculo de amigos íntimos», afirma Jorge.
Su afición por la interpretación le hizo apuntarse a la Escuela de Teatro de Getxo. Allí estuvo un año, tiempo en el cual afianzó su afición por los escenarios. Un buen día, junto con otros dos compañeros de la academia, llegaron a la conclusión de que, si querían meterse de lleno en el mundo de la interpretación, debían trasladarse a Madrid. Ese traslado a la capital se produjo en octubre de 1997. «Los tres amigos cogimos un piso de alquiler para compartir, y empezamos a probar suerte», explica.
Ciudad abierta
«Me encanta Madrid». Con esa frase resume lo cómodo que se siente hoy en día en la gran capital. «Me parece una ciudad muy abierta, muy acogedora. Y eso que yo de pequeño era anti-madridista, pero era porque no la conocía. Es una ciudad que te ofrece de todo, a nivel ocio y a nivel cultural. Convergen un montón de culturas y gentes de todo el mundo, con los que puedes tratar, disfrutar de cualquier tipo de conversación y enriquecerte de ello».
Pero no todo iba a ser bueno, Madrid también tiene sus complicaciones. «Lo peor es que es una ciudad muy exigente, con un nivel de estrés muy alto. Se vive a mucha velocidad, se nota en las calles. Pero curiosamente, cuando sales de Madrid y vas a otros pueblos, echas de menos ese ritmo de la capital, te da la sensación de que la gente va despacio. Al final, Madrid te engancha su ritmo frenético, y no puedes pasar mucho tiempo sin él».
También hay cosas que echa de menos de su Eibar natal. «Soy una persona muy familiar, y me queda todavía mucha familia en Eibar y alrededores. Estoy encantado cuando voy a visitarles», afirma. «Cada vez que vuelvo a Eibar, suelo estar muy emocionado. Ya bajando la cuesta de Isasi en coche empiezo a mirar por la ventanilla a ver si veo a alguien conocido».
Cada vez más bonito
Si bien no es una de las cualidades por la que tradicionalmente se conoce a la villa armera, para Jorge, «Eibar está cada vez más bonito». «Con el paso del tiempo, he visto muchos cambios a mejor. ahora ya no es la ciudad gris que era antes, en mi opinión, hoy en día es una ciudad con color», afirma.
Otra de las cosas que el actor valora de su ciudad natal es el sentido del humor de sus gentes. «Cada vez que vengo estoy todo el día riéndome con la gente. Es un ambiente muy familiar, aunque tenga 28.000 habitantes no deja de ser un pueblo en el que todo el mundo se conoce y se saluda», señala.
Aunque reconoce que en Madrid «puedes encontrar de todo», hay algo más que echa de menos de Eibar: los pintxos de los bares. «Se me salen los ojos con las barras que ponen, y al final, no me puedo resistir y nunca llego con apetito a la cena».





