
Para la empresa organizadora de aquellos festejos, propietaria del coso de Fernández del Campo, el aluvión de críticas recibido fue un auténtico mazazo atizado en sus aspiraciones de continuidad como la principal plaza de toros de la villa. Buena parte de la Prensa y de los críticos taurinos exigieron poco menos que la cabeza de los organizadores, a los que se recordaba que lo sucedido en esas dos corridas era la continuación del triste espectáculo que en el mismo coso había tenido lugar sólo un año antes.
Su mala gestión no sólo provocaba desánimo en la afición bilbaína, sino que estaba minando el prestigio de una feria a la que acudían multitud de forasteros. Incluso El Noticiero Bilbaíno, periódico que simpatizaba con la empresa de Fernández del Campo, reconocía que las «fiestas taurinas de Bilbao han gozado hasta hace pocos años de una fama universal y bien adquirida, y de dos años a esta parte, en particular, va mermándose el crédito a tanto precio adquirido».
La Unión Vasco-Navarra
Los más férreos opositores a la empresa formada por José Larrínaga, Pinillos y Jáuregui no dudaron en utilizar el argumento de pérdida de prestigio, no para exigir una mejor gestión, sino para promover la creación de otra plaza de toros. Definitivamente, el ataque al coso taurino de Fernández del Campo pretendía ser demoledor. Al frente de aquella campaña se hallaba el director del periódico La Unión Vasco-Navarra, Eladio Lezama, para quien la construcción de un nuevo coso era algo fundamental.
Empeñado en ese propósito y con la ayuda de El Porvenir y Beti-Bat, arremetió por todos los flancos llegando a afirmar que lo único que querían los de Fernández del Campo era ganar dinero, sin importarles lo más mínimo el prestigio de la feria bilbaína y mucho menos los beneficios que comerciantes y hosteleros podían llegar a perder si se producía una menor afluencia de forasteros a la villa.
Otro de los argumentos utilizados para justificar una plaza nueva fue que ésta habría de servir como ayuda a instituciones tales como La Misericordia y el Hospital Civil. De poco sirvieron las excusas que presentaron los empresarios cuestionados y su demostración, con datos y números, de su buena fe en cuanto a la contratación de ganado para la Feria. Tampoco se llegó a tener en cuenta el éxito que obtuvieron el resto de corridas de aquel año. El ataque ya estaba planteado y para Eladio Lezama la cuestión no era otra que la de promover la construcción de una nueva plaza que habría de poner punto y final a la trayectoria de la de Fernández del Campo.
La idea de los promotores del nuevo coso era muy clara. El diario La Unión Vasco-Navarra sería el encargado de canalizar las suscripciones, las cuales podrían ser en dinero o en trabajo. Al mismo tiempo, para animar a los futuros colaboradores, ofreció las líneas maestras del proyecto de la nueva plaza. Se consideró que, a diferencia de la de Fernández del Campo, que era de madera, la proyectada habría de ser de piedra y con un aforo de entre doce y catorce mil personas. Además se juzgaba que su coste, en el que incluía los terrenos y la construcción, no habría de superar las 500.000 pesetas.
El 28 de agosto de 1881 se dio la salida para todos aquellos que quisieran convertirse en suscriptores de la nueva plaza. El precio por acción era de 250 pesetas, aunque visto el poco tirón que tuvo esta primera propuesta, en septiembre se bajó el precio a 125. En febrero de 1882 se formó la sociedad Compañía Vista Alegre. La cifra que finalmente se alcanzó fue de 200.000 pesetas, insuficiente si se tiene en cuenta que el coste del terreno más las obras era -según datos recogidos por Laura del Rey- de 454.259 pesetas. No quedó más remedio que recurrir al crédito para poder llevar a buen puerto el proyecto.
El diseño de la nueva plaza de toros fue obra del arquitecto y periodista Sabino Goicoechea Echevarría 'Argos', aunque parece que no fue él el director de las obras. Éstas comenzaron el 8 de diciembre de 1881 y terminaron el 10 de agosto de 1882. Tres días después, el 13 de agosto, la plaza de toros de Vista Alegre se inauguró con un cartel de lujo formado por los diestros José Lara 'Chicorro', Fernando Gómez 'Gallito' y Manuel Fuentes 'Bocanegra'. Lidiaron toros de la ganadería de Concha y Sierra.
Corridas Generales
Pese a las previsiones iniciales -se pensaba amortizar la inversión en diez años-, la realidad obligó a esperar hasta 1900. Ese año, el 14 de octubre, y tal y como se había anunciado desde el principio, la Comisión Gestora de Vista Alegre donó la plaza a la Santa Casa de Misericordia y al Santo Hospital Civil. Sería ya en 1901 cuando, convertidos los establecimientos benéficos en empresa, fueron ellos los encargados de organizar las corridas de toros de ese año. Los maestros contratados para las Corridas Generales fueron Mazzantini, Antonio de Dios 'Conejito' y Fuentes. Los toros pertenecieron a las ganaderías de Adaliz, Murube, Ripamilán y Villamarta.
La trayectoria de Vista Alegre fue impecable. Desgraciadamente, la primera parte de su historia terminó a las 2 de la madrugada del 5 de septiembre de 1961, cuando se produjo un incendio que la redujo a cenizas. La última corrida se había celebrado el día anterior y había contado con la presencia de Rafael Chacarte, José María Montilla y Manuel Benítez 'el Cordobés'. Por fortuna para los más puristas, una nueva plaza se construyó en el mismo lugar en un tiempo récord, apenas nueve meses. Con ella, el aforo se aumentó hasta las 14.796 localidades. Fue inaugurada el 19 de junio de 1962 con los diestros Antonio Ordóñez, César Girón y Rafael Chacarte.










