Pero a la hora de relacionarse, ya pueden ser amigos de toda la vida o camaradas de trabajo, que «eso de saludar con dos besos ni lo intentan». «Aquí sólo se dan la mano», explica Amaia, mientras recuerda una de las anécdotas que más le han hecho gracia de este país. «El director de la empresa, también occidental, viaja a menudo por motivos de trabajo. «Me dio dos besos para despedirse. Un compañero chino vio en aquel gesto algo raro y, sin pensárselo dos veces, me preguntó si mi marido no se ponía celoso».










