
Apenas había comenzado a caminar cuando «unos cincuenta buitres se lanzaron sobre el rebaño», recuerda Carmelo Borrego, representante de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG). Varios vecinos y el propio Ramón trataron de espantar a las aves «con palos», pero aún recuerdan con estupor cómo las carroñeras ya «no se asustaban». Dos de las ovejas del rebaño se resguardaron, inmóviles, bajo una línea de alta tensión. No se pudo hacer nada por ellas. Después de devorarlas, los buitres permanecieron indiferentes «sobre las copas de los pinos» a los desesperados intentos de espantarlos por parte de los ganaderos y residentes en la zona.
A la Junta
A la vista de la «preocupante» cadencia y «gravedad» de los ataques, el sindicato ganadero y el Consistorio burgalés quieren que la Junta de Castilla y León tome medidas urgentes que «eviten la mortalidad en las reses vivas» y las liberen del «constante hostigamiento» al que les someten las aves carroñeras. De hecho, agricultores y ganaderos tienen constancia de 40 casos denunciados en Vizcaya, Álava, Burgos y Cantabria en lo que va de año. Las pérdidas se contabilizan en ganado vacuno, ovino y equino.
La solicitud de una reunión con la Junta responde a que los buitres «pueden ser alimentados también por la Administración autonómica» en coordinación con otros organismos. El Ayuntamiento del Valle de Mena también solicitó a la Diputación vizcaína la reapertura del muladar carranzano de Ordunte, sin perjuicio de que otras instituciones pudiesen abrir algún otro más en el entorno para «garantizar una estabilidad y una dispersión homogénea» de las rapaces.










