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VIZCAYA
Respiro para una madre
Tiene una niña de 3 meses y hoy pasa su segundo día en Laida «entre toma y toma» para desconectar
15.08.07 -
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Respiro para una madre
No se ha podido resistir. Ha llegado de Gernika «hace un ratito» y aunque sólo sea hora y media, quiere tomar el sol y aislarse de todo. O casi. Porque no hay minuto en que no piense en Maren. «Di a luz en mayo, y éste es el segundo día, entre toma y toma, que vengo a Laida. ¿El primero fue ayer!», confiesa Ruth Elordieta, tirada en la toalla y con cara de pilla. Se nota que el sol le está haciendo efecto. Por eso, esta mañana no ha dudado en repetir: mientras Andeka y la niña disfrutan de la sombra en Elantxobe, ella carga pilas sobre la arena. «De verdad que no soportaba el 'mono'. Qué ganas...». Sonríe y, por unos instantes, parece muy cansada. Tiene ojeras y esa expresión pasmada de los padres que se acaban de estrenar.

«La vida te cambia por completo. ¿Es tan pequeña y ya manda tanto!». Se sienta, mira a su alrededor y se queda callada, sin pestañear, absorta en sus pensamientos. El día acompaña para hacer volar la imaginación. Corre la brisa, el sol calienta sin abrasar y se respira tranquilidad. Perfecto... Agita los pies y empieza a echarse crema en la cara. Hoy no va a meterse en el agua, con estar tumbada en 'top-less' se conforma. Ha engordado 10 kilos y apenas reconoce su cuerpo, pero no le quita el sueño. Sus preocupaciones son otras. «Últimamente no duermo mucho. Maren tiene que coger peso y hay que despertarla cada tres horas para una toma». Le brillan los ojos, de felicidad y agotamiento.

Cuna hinchable

El mundo gira alrededor de la niña

como un tío-vivo, lleno de sorpresas. Y sobre todo despacito, con cariño, para que no llore. «Es muy pequeña para tomar el sol, ahora la llevamos bien tapadita y no la sacamos de la sombra. Los bebés tienen la piel muy delicada...», explica Ruth, con aire ausente. La cabeza le va a mil revoluciones, por mucho que desee desconectar. Ya quiere comprarle una cuna hinchable para cuando puedan traerla a Laida y no deja de consultar la hora, porque Andeka no tardará en llegar con la cría. Nunca ha tenido unas vacaciones con tanto ajetreo y, por suerte, las comparte: «Somos profesores de Secundaria, así que estos meses nos dedicamos en cuerpo y alma a ella».

Ambos están siempre a la última -él da clases de Tecnología y ella, de Informática-, pero basta un apretón de la manita de Maren para que se les olvide cómo funciona una rueda... Ahora su hija es el futuro. El año que viene, le pondrán un gorrito y le enseñarán a cavar en la arena, en busca de los tesoros que un pirata bueno enterró sólo para ella. Aunque, a lo mejor, Maren prefiera irse en piragua hasta el castillo de Arteaga con los aitas. Y seguro que termina consiguiéndolo.
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