
Imagen de una actuación de la orquesta Volcán. /ARCHIVO
Las puso de moda el ex-Operación Triunfo y ahora cantante de éxito, David Bisbal. Son las orquestas de verano, en las que el artista antes conocido por sus rizos dio sus primeros saltos en el escenario. Protagonistas indiscutibles con la llegada del calor, cuando el calendario de fiestas a lo largo y ancho de España aumenta tanto como los grados en los termómetros y las orquestas y bandas, pueblo tras pueblo y noche tras noche, combaten el calor con música.
Sin embargo, no es una tarea nada fácil. "Somos los hermanos pobres de la profesión", ha señalado, medio en broma, medio en serio, Juan Carlos Gutiérrez, directivo de Orange Espectáculos, que desde hace treinta años trabaja como promotora y representante más de 1.500 bandas y orquestas.
"Los jefes de orquesta hacen de todo: montan escenario, conducen, tocan", ha asegurado Gutiérrez. "Lo que pedimos son unas condiciones mínimas, como un escenario que no 'baile', unos camerinos para que los músicos se vistan... no tenemos ni el equipo ni las infraestructuras con las que cuentan las estrellas".
Socorro Collado, directora gerente de ARTE (Asociación de Representantes Técnicos del Espectáculo), ha explicado que "es un sector importante, mueve mucha gente y su trabajo es más constante que el de las bandas famosas". Collado, que dirige una entidad que agrupa a más de 400 orquestas y bandas populares, ha continuado que "sin embargo, son los que trabajan en peores condiciones".
Vivir en un autocar
Jose María Orobitg, mánager de la orquesta catalana Volcán, ha relatado como "los músicos dormimos en el autocar, es como nuestro piso. Los montadores duermen en el camión y los conductores mientras actuamos". Volcán está formada por quince músicos que llevan dieciséis años recorriendo juntos las carreteras.
Esta banda hace entre cien y ciento veinte 'bolos' (actuaciones) al año, la mayoría durante los tres meses de verano. Con semejante rutina de trabajo, creyeron necesario adoptar una regla de oro: "Si tenemos que recorrer más de 700 kilómetros, rechazamos la actuación".
El día a día de las orquestas es duro y no todos pueden aguantar el ritmo de los meses estivales: "Cada año tenemos dos o tres bajas o cambios en el equipo", explica el mánager, quien añade, sin embargo, que un cambio a una profesión menos precaria, ni se plantea: "A un músico le pones en una fábrica y estará más cómodo, pero acabará mal. Aguantamos por vocación".
Al llegar a los pueblos, tras hacer noche en el autocar, los componentes de Volcán aprovechan para "darse una ducha, tomar algo de comer y descansar un rato mientras los técnicos montan el escenario", una tarea en la que emplean unas tres horas (el mismo tiempo que tardarán en desmontarlo).
El cobro: mal y tarde
Orobitg hace hincapié en el mismo tema que preocupa a Socorro Collado: el del cobro, que se hace "mal y tarde". "A veces, tienes que ir como si fueras un ladrón a pedir que te paguen", lamenta el representante de Volcán, quien dice que han llegado a tener quince o veinte 'bolos' pendientes de cobro.
"Cobramos entre 8.000 y 12.000 euros por noche durante los meses de verano -añade- pero somos 20 en el equipo y la gente quiere cobrar". Las orquestas más pequeñas o con menos experiencia lo tienen más difícil y cobran aún menos. No obstante, opinan que la situación ha mejorado, sobre todo en materia de prevención de riesgos laborales y seguridad, gracias, en gran parte, a la labor de asociaciones como ARTE.
ARTE actúa como intermediario entre las bandas y sus contratantes, intentando "dignificar sus condiciones" y crear un ambiente en el que "puedan trabajar con garantías", según Collado. Sin embargo, el sufrimiento tiene sus compensaciones: "En general, el público nos trata bien, te respetan a ti y respetan tu trabajo" dice Orovitg, con cierta satisfacción. Aunque, tras una pausa, añade: "También es verdad que nosotros llevamos muchos años".