
LAS PERCHAS
Para muchos, por tanto, la búsqueda ha sido inútil. Se entiende que muchos cotos hayan cerrado (aproximadamente el 60%) y otros hayan decidido abrir sólo unos días. «Nos ha ido rematadamente mal», se suma Francisco Ibáñez, vicepresidente de la Federación de Caza y ayer un cazador más. «He estado en la zona de Santo Domingo, Cirueña, una de las buenas y no se han oído tiros», destaca. «Mucha gente no ha disparado», añade.
Sin disparos en el coto, la jornada inaugural transcurrió rara, desesperante. Así, Ibáñez coincide con Alonso en que la media de las perchas ha rondado las tres codornices, y que más de uno se ha marchado de vacío. «El campo está sequísimo, nefasto... Como no llueva, mal vamos», admite.
Alonso, sin embargo, no cree que precipitaciones durante los próximos días puedan cambiar demasiado la situación. «No ha llovido nada este verano y probablemente no lo haga ahora. Si lo hace y hay más humedad, puede entrar alguna codorniz, pero no demasiadas», opina.
De cero a doce
A pesar de las dificultades un cazador consiguió abatir doce codornices en la zona de Nájera, Hervías y Bañares, según Álvaro Lacalle, guarda de la zona. Es sólo una excepción, aunque ha sido el mayor botín de toda la jornada, contrastando con la búsqueda inútil de muchos de sus compañeros.
José Luis Sierra, presidente de la Asociación de Guardas y vigilante en los cotos de Alberite, Villamediana y Murillo, revela que el máximo obtenido ha sido de seis. «Por la mañana han venido bastantes cazadores, pero entre el calor y la escasez de piezas, se han marchado pronto».
En Baños y San Vicente los resultados han sido similares, según Jorge Alonso, guarda de la zona. «Muchos se han ido con cero», insiste con cierta incredulidad y pesimismo. En La Rioja Baja, menos nutrida aún de codornices que la Alta, se ha disparado menos aún. «Ha estado muy mal», reitera Miguel García, uno de sus guardas.
Todos ellos coinciden en un pesimismo racional. No ha habido lluvias y no parece que ahora vayan a producirse. Todo lo contrario, estos últimos días de calor han empeorado el terreno. Lo han secado y a las codornices les gusta la humedad de los rastrojos para descansar el plumaje. Es su refugio ideal.
Sin olfato
Al aburrimiento generalizado entre los cazadores, que han disparado menos que nunca, se ha unido la inutilidad de sus fieles acompañantes. En inferioridad de condiciones por el clima seco, los perros tampoco han tenido protagonismo. «No detectan a las codornices por esa sequedad que hay en el campo», advierte Francisco Ibáñez. Sin olfato, el can pierde su razón de ser en el coto.
No obstante, hasta el siete de septiembre el panorama puede cambiar. Hoy se repetirán los madrugones, las caminatas y quizá el silencio. Pero los cazadores riojanos seguirán intentándolo de nuevo y pidiendo cada día un favor del cielo. «¿Que llueva!», solicita Ibáñez.





