
En un principio, Dhakil Qassim, alcalde de la localidad kurda de Sinjar donde se produjeron los ataques suicidas simultáneos, cifró las víctimas mortales en 250, aunque advirtió de que el balance podía aumentar debido a que aún quedaban cuerpos por rescatar bajo los escombros. Y es lo que ocurrió. A primera hora de esta madrugada, los medios locales, apoyados en fuentes oficiales y hospitalarias, duplicaron el número de fallecidos.
«Fue una masacre terrorista y el objetivo eran personas yazidíes pobres que no tienen nada que ver con el conflicto armado», lamentó Qassim, quien recalcó el hecho de que «milicianos de Al-Qaida son muy activos en esta zona, situada cerca de la frontera con Siria».
El desencadenante de la acción de los terroristas sería la lapidación el 7 de abril de Doaa Jalil Aswad, una adolescente de 17 años de la propia comunidad yazidí, que «violó las normas de la secta» al huir para contraer matrimonio con un musulmán. Tras la difusión de las imágenes del salvaje ajusticiamiento captadas en teléfonos móviles, extremistas suníes juraron venganza.
Precisamente, el Estado Islámico en Irak, el brazo terrorista que representa a la red que dirige Osama bin Laden en el país árabe, distribuyó panfletos la semana pasada en los que advertía a los habitantes de la zona de que era inminente un ataque porque los yazidíes son «antiislámicos».
El Ejército iraquí informó de que los cuatro atentados suicidas fueron perpetrados de forma sincronizada en localidades cercanas a Sinjar y Qahataniya, ubicadas a 120 kilómetros al oeste de Mosul, al norte del país.
Destrucción
Por su parte, el mando estadounidense redujo las cifras oficiales sobre el número de víctimas a sólo sesenta muertos y especificó que fueron cinco y no cuatro los ataques, aunque añadió que hay una cantidad «desconocida» de personas sepultadas bajo la veintena de casas que quedaron destruidas.
Un médico provincial, que se identificó como Mohammed Waadala, precisó que tras los atentados 375 heridos fueron trasladados a siete hospitales de la ciudad kurda de Dahuk, próxima a la frontera con Turquía y situada a unos cien kilómetros al norte de Qahataniya.
Varios helicópteros estadounidenses sobrevolaron la zona para evacuar a los heridos, ya que la mayor parte de los hospitales de la zona se encontraban colapsados. Ghassan Salim, un profesor yazidí de 40 años, relató tras donar sangre en uno de los centros sanitarios de Sinjar a los que fueron evacuados varios heridos, que muchos de ellos tuvieron que ser depositados «en el garaje del hospital o a las calles porque el centro es muy pequeño».
Los representantes de las distintas facciones iraquíes se reunieron para analizar la crisis política, aunque el encuentro fue eclipsado por los atentados. Esta cumbre fue convocada por el primer ministro, Nuri al-Maliki, el pasado domingo tras la retirada del Frente de Consenso Iraquí de su Ejecutivo, además de la laica y mixta Lista Iraquí, presidida por el ex primer ministro Iyad Alawi, y el chií Bloque Sadr, fiel al clérigo radical Moqtada al Sadr, una de las ausencias más notables de la reunión.
El FCI, que agrupa a las tres principales facciones políticas suníes, insiste en que Al-Maliki debe atender sus demandas como condición previa para que sus ministros regresen al Gobierno, que abandonó hace dos semanas. Entre esas exigencias, el FCI pretende el desmantelamiento de las milicias chiíes y que el Gobierno abandone sus políticas «sectarias».
El Ejecutivo iraquí ha sido acusado de no haber sabido frenar la oleada de violencia sectaria que azota el país desde que Estados Unidos derrocó al dictador Sadam Hussein en abril de 2003. Mientras, Al- Maliki explicó que espera que este encuentro «allane el camino para las negociaciones venideras».








