
Con más de seis metros de altura y nueve de longitud, el Paraceraterio ostenta el título del mamífero terrestre más grande jamás conocido. Vivió hace 30 millones de años y podía alcanzar las 18 toneladas de peso. Se alimentaba de las hojas de los árboles, para lo que se aprovechaba de su largo cuello -similar al de las jirafas-. A pesar de su gigantesco tamaño, corría con bastante soltura.
Pariente del rinoceronte
Esta criatura antediluviana disponía también de un labio superior flexible, lo que le facilitaba la ingesta de las hojas, y de un cráneo alargado de más de un metro de longitud. Sin embargo, el Paraceraterio no es el antepasado de las jirafas, sino el de los rinocerontes. Aunque no disponía de cuernos, pertenece a la familia de los Indricoterios, la misma que estos coetáneos astados.
La otra bestia mastodóntica que acaba de aterrizar en el Carpín es el Doedicuro, un herbívoro que habitó la tierra hasta hace 15.000 años, por lo que llegó a convivir con los seres humanos. Pesaba hasta una tonelada y media y estaba provisto de un caparazón defensivo que lo emparenta con los actuales armadillos.
Las nuevas adquisiciones complementan una de las áreas temáticas más curiosas del parque carranzano, donde se muestran algunas de las criaturas menos conocidas del pasado del planeta. Allí residen ya desde hace tres años el dientes de sable, el rinoceronte lanudo, el mamut, o el Gastornis -ave del pleistoceno incapaz de volar-. Tampoco falta la representación del hombre de Neardenthal, que dispone de un ejemplar con movimiento.









