
Para Asier y Zaloa era su primera vez, pero seguro que no será la última. Desde Sondika acudieron caminando hasta los pies de la Virgen de Begoña para «darle las gracias» por haberles salvado la vida. «En el viaje de novios tuvimos un accidente del que por suerte nos libramos. Desde ese día prometimos venir a ver a nuestra Amatxu», recordaba Asier, con emoción.
El joven matrimonio se encontraba de luna de miel en México. Pero su viaje se desmoronó cuando la furgoneta en la que se desplazaban hacia la Riviera Maya chocó contra un camión mal aparcado en la calzada. «Murió uno de los turistas que venía con nosotros. Fue un milagro que saliéramos con vida», relataba aún inquieta Zaloa.
A pesar de que para algunos estos prodigios no son más que golpes de buena suerte, lo cierto es que quienes ayer se agolpaban a la puerta de la basílica lo hacían con un profundo sentimiento hacia la patrona de Vizcaya. «Todos tenemos en nuestro fuero interno la devoción hacia la Virgen, y hoy es el mejor momento para expresarlo», comentaba Merche. «La Amatxo es única y nunca dejaremos de venir a admirarla». Cada 15 de agosto costumbre y devoción se cogen de la mano para arrastrar a fieles como ella, que desde muy pequeña acude a Begoña para pedir por la salud de su familia.
Antonio partió de Sestao a las siete y media de la mañana y hace más de 30 años que viene a pie para rezarle a la patrona. Según este veterano peregrino, cada vez son menos los que se animan a subir hasta la basílica. «Se echa de menos a los miles de personas que antes peregrinaban por la noche», reconocía todavía con el bastón en la mano.
Parece que la edad puede pasar factura en estas largas caminatas. «Llevábamos más de veinticinco años viniendo a pie desde Barakaldo, pero este año mi ama está algo coja y hemos venido en metro», confesaba Rosario camino de la capilla. Para aquellos peregrinos como Rosario, todos los medios son buenos para acudir a dar las gracias a la patrona.









