La movilización sin precedentes de las autoridades monetarias de todo el mundo para calmar los mercados y garantizar la liquidez del sistema crediticio ha dejado de surtir efecto. Una fiebre vendedora se ha apoderado de los inversores ante la incertidumbre sobre la profundidad del 'agujero' creado por los préstamos de alto riesgo en EE UU, el grado de 'contaminación' de la banca tradicional, y su eventual impacto sobre el beneficio de esas entidades y la economía real.
Lejos de amainar, el temporal arrecia. El clima de extrema volatilidad que se ha instalado en las bolsas y la creciente inquietud no dejan entrever indicio alguno de un regreso de la calma en los próximos días.
Caída generalizada
Los destrozos causados son de consideración. En las seis sesiones transcurridas desde que se iniciaron las turbulencias, las acciones de las 35 mayores empresas españolas -las componentes del Ibex- se han depreciado en 41.616 millones de euros. Los dos gigantes bancarios acumulan las pérdidas más abultadas: 6.630 millones el Santander y 5.932 el BBVA. Pero el 'roto' es generalizado. La capitalización de Telefónica ha 'adelgazado' en 3.914 millones, Iberdrola vale 3.832 millones menos y 3.235 Repsol. Las constructoras e inmobiliarias también se han visto arrastradas por la corriente. Sobre todo, Acciona, que se ha dejado por el camino 1.652 millones; es decir, sus títulos se han hundido un 13,16% en apenas una semana.
En ese periodo, el selectivo español ha caído un 6,7%. Ayer sufrió el mayor traspiés: un 3,72%. Para encontrar un tropiezo de más magnitud hay que remontarse al 15 de marzo de 2004, tras la victoria del PSOE en las elecciones generales.
La jornada había comenzado con malos presagios. Las fuertes pérdidas de Wall Street el miércoles y de los parqués asiáticos pocas horas antes de que se abriera la sesión se tradujeron en una avalancha de ventas. El Ibex cedió algo más de un 2% durante buena parte de la mañana, pero cavó una fosa más profunda en cuanto se conocieron algunos indicadores preocupantes. Por ejemplo, que la construcción de nuevas viviendas en EE UU se encuentra en su menor nivel en una década, lo que corrobora la crisis del sector y alienta nuevas dudas sobre el negocio hipotecario; y los problemas de liquidez de Countrywide Financial, la entidad líder en ese segmento. Además, el mercado acogió con inquietud el aumento de las personas que solicitaron por primera vez en julio el subsidio de desempleo en el país: 322.000. El paro es uno de los peores enemigos de un sector inmobiliario boyante y una garantía de más impagos de cuotas bancarias para financiar la compra de un piso; es decir, nueva gasolina para la crisis de las 'hipotecas basura'.
Seguirá el «ajuste»
Esa conjunción de factores fue engrosando las pérdidas del principal índice de la Bolsa, que cerró en 13.979,70 puntos. Ya ha entrado en 'números rojos': en lo que va de año ha descendido un 1,18%. Los 35 valores que lo componen retrocedieron. Gamesa (8,2%) y NH Hoteles (7,3%) sufrieron el mayor castigo en una sesión en la que los grandes bancos, Telefónica, Repsol e Iberdrola cedieron entre un 3,5% y un 4,5%. Las compañías vinculadas al 'ladrillo' también se depreciaron con fuerza.
Una doble intervención en una hora de la Reserva Federal, que inyectó 8.948 millones de euros para garantizar la liquidez en la concesión de créditos, no sirvió para llevar la calma a los mercados. Los expertos admiten que el «ajuste» que sufren los parqués y la alta volatilidad se mantendrán en los próximos días. «La corrección está siendo excesiva y no se justifica ni por la situación de la economía mundial ni por las expectativas de beneficio de las empresas», sostienen los analistas de Morgan Stanley. Inversis también cree que el hundimiento de los mercados es fruto de la incertidumbre y no se asienta, hoy por hoy, en razones de gran calado, aunque recomienda a los inversores que extremen la precaución.









