En ese momento, apareció la ikastola Ander Deuna de la localidad, que de inmediato se ofreció a hospedarles y organizó una recogida de prendas que tuvo muy buena acogida popular. «No tenían ni trajes de baño ni toallas», aseguró Eneko Calle, voluntario de la asociación Nuyum, de ayuda al pueblo saharaui. Calle les acompañará en su viaje de regreso a los campos de refugiados de Cisjordania, donde viven.
Los monitores aseguran que estas iniciativas «enganchan, porque ves como los niños se lo pasan fenomenal». Uno de los días más gratificantes fue la excursión a Cabárceno. «Alucinaron de verdad, porque en Jerusalén tienen los animales en cajas», comentaron.






