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Con el santo a cuestas
Cientos de portugalujos cumplieron ayer la tradición de llevar a San Roque en procesión por las calles de la villa jarrillera
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Con el santo a cuestas
VENERACIÓN. La comitiva avanza tras la imagen del santo. / J. A.
El fervor a San Roque se lo demuestran los portugalujos a diario. Pero nunca como cada 16 de agosto, cuando una comitiva popular recorre, con la imagen del patrón a hombros, las inclinadas cuestas de la villa en procesión. Desde el Ayuntamiento hasta la parroquia de Nazaret, morada temporal del santo a la espera que se reconstruya su ermita. Ayer, la histórica localidad jarrillera volvió a cumplir con una de sus más enraizadas costumbres. Al menos, el tiempo acompañó y las nubes suavizaron la dureza del recorrido.

Para ver la salida del patrón desde el Consistorio apenas se congregaron decenas de fieles, aunque se tornaron en centenares según avanzó el recorrido. Gloria Gil acudió en solitario a la procesión. «Mi marido y mi hijo están trabajando, pero yo no quería perdérmela. Es una tradición de la villa», explicó. La joven Ada Herrero, en cambio, se acompañó de dos amigas. «Hay que honrar a San Roque, que luego bien que le pongo velas y me concede lo que pido», confesó.

Pasión andaluza

Tras subir por Víctor Chavarri, la comitiva realizó su primera parada en la plaza de El Cristo. Allí descansó al fin el sevillano Fernando García, fatigado tras llevar a su hijo Héctor en brazos. «Mi mujer es de aquí y hemos venido a pasar las vacaciones», reconoció, antes de definir el festejo como «sencillo» y «acogedor». «¿Hombre!, no tiene nada que ver con la pasión que se vive en Andalucía, pero tampoco está mal», exclamó.

José Luis Angulo subió las cuestas del municipio en compañía de su nieto Iker. «Es una costumbre familiar y hay que inculcársela desde pequeño», bromeó. Llegó hasta el final del recorrido, como Elías Rodríguez, otro habitual de la procesión. «Esperemos que el año que viene San Roque disponga otra vez de su propia ermita», deseó el gallartino, aunque afincado en Portugalete, tras despedir al santo entre aplausos.
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