
En un artículo titulado 'La Iglesia cómplice' publicado en su blog personal, Díez se muestra muy crítica con la homilía del obispo de San Sebastián durante la festividad de la Virgen y considera "una vergüenza" que la jerarquía eclesiástica permita a un obispo hacer estas declaraciones.
"¿Qué tienen que ceder los perseguidos, los que buscan la justicia, los que defienden la libertad? ¿Qué parte de su libertad está dispuesto a ceder Uriarte? ¿No será que Uriarte, y otros clérigos vascos, hacen ese discurso cómplice con los que niegan nuestros derechos y persiguen nuestra libertad precisamente para que su seguridad y su libertad esté a salvo?", se pregunta.
La ex consejera vasca acusa a la Iglesia vasca de haber perdido "hasta la piedad" hacia las víctimas del terrorismo, lo que la convierte en "cómplice de nuestros verdugos y de este nacionalismo institucional que asfixia nuestra libertad". En su opinión, "si la Iglesia se hubiera puesto claramente de parte de las víctimas, hace mucho tiempo que ETA hubiera perdido su impunidad" y si hubiera señalado las "responsabilidades políticas" del PNV "que ha gobernado para garantizar su hegemonía, hace mucho tiempo que hubiera dejado de ser el primer partido de Euskadi ".
"A favor de los que mandan"
Sin embargo, Díez lamenta que la jerarquía eclesiástica del País Vasco "está a favor de los que mandan" y que "como los que mandan son los nacionalistas de toda calaña", ningún obispo "desaprovecha la oportunidad para que los nacionalistas, los institucionales y los que matan, sepan que son de los suyos".
La europarlamentaria acusa a esta jerarquía de "no hacer un discurso espiritual, sino político" y de ser "políticos antes que curas u obispos". "Algunos, como Uriarte, lo hacen porque están de acuerdo con el discurso nacionalista, porque creen verdaderamente, que los asesinos tienen sus razones. Otros lo hacen para protegerse, para vivir bien, para vivir cómodos. Para seguir siendo la única institución que nunca ha sufrido la persecución y el acoso de los terroristas", declara.
Díez concluye que "dentro de cien o doscientos años" la Iglesia pedirá perdón por estas actitudes pero que "ya será demasiado tarde", por lo que desea que "a sus sucesores se les caiga la cara de vergüenza cuando hablen en los púlpitos de las virtudes cristianas".







