
El mal estado de la rampa, consecuencia del temporal que asoló la costa cántabra el pasado mes de marzo, provoca serios perjuicios. Además de haber favorecido las caídas entre los bañistas, el destrozo impide que las máquinas entren a limpiar la playa a fondo. Lejos de vislumbrarse una solución, la Ejecutiva local y Costas se culpan entre sí de la situación.
Tras este último paso dado por el Ayuntamiento, la Demarcación tiene quince días para presentar alegaciones. En caso de que la iniciativa municipal prospere, la sanción a la que tendría que hacer frente el organismo estatal podría ascender a 300.000 euros.
Sin embargo, Costas mantiene que tan sólo está «a la espera» de que el Consistorio le ceda los terrenos municipales necesarios para construir una nueva rampa, Según explicaron sus responsables, la notificación oficial de este traspaso de suelo es un requisito indispensable para licitar las obras.
Reclamaciones cruzadas
Las mismas fuentes remarcaron que su departamento, mientras no se ejecute este proyecto, ofreció al Ayuntamiento instalar una pasarela provisional de madera «que nunca pidió por escrito». Por su parte, el órgano local asegura que ya dio su visto bueno a la obra en abril y que remitió el acuerdo un mes después. Ahora bien, también consta en los archivos municipales que Costas volvió a reclamarlo el 1 de junio.
Por todo ello, es de esperar que la rampa no esté instalada hasta la próxima temporada de baños. El nuevo acceso ampliará el actual. Será de tres metros de ancho para facilitar el paso de vehículos de emergencia y de limpieza.









