
Atrás quedan muchas noches de trabajo, de desvelos por el día y de rifirrafe político. «Nos ha dado muchísima guerra, pero vamos a pasar por el puente ya», confesó ayer por la tarde el alcalde, en la apertura al público de la pasarela. Sin corte de cinta ni txistularis, esta plataforma de hormigón de 60 metros de longitud ha quedado integrada en el paisaje urbano de Bilbao entre los vecindarios de Bentazarra y Leceaga, ambos de nuevo cuño y exponentes del crecimiento de la ciudad, del centro hacia las afueras.
La infraestructura no sólo pone punto y final a una obra de interés social, sino a un culebrón municipal desde que un arco cascara el pasado 19 de abril cuando era desmontado. La caída de la pieza, que había llegado en un estado defectuoso, causó un buen atasco en los accesos a Bilbao y dio pie a la siguiente secuencia: cese del subdirector de Obras y Servicios, críticas de los partidos de la oposición en época electoral, un pleno extraordinario forzado por el PP y, tras las elecciones, más de veinte jornadas de trabajos de madrugada para acabar la obra con todas las precauciones imaginables, sin lugar esta vez a la improvisación.
«Aguantamos»
Así lo recordó ayer el propio Azkuna, que acudió acompañado por el concejal de Obras y Servicios, José Luis Sabas, principal promotor municipal de la pasarela. «Tuvimos un problema muy grave y el mundo nos quiso tragar. Pero aguantamos, aguantó Sabas y aquí estamos». A su lado estaban otros concejales de su equipo (PNV), representantes de la empresa constructora e instaladora, el director de la obra e, incluso, el cura de La Misericordia, que vive en Masustegui -arriba, en la ladera-, y con el que cruzó el puente peatonal.
Tras ellos llegaron los vecinos, para quienes pasar a pie al resto de la ciudad es desde ayer bastante más fácil. La pasarela está protegida por una cubierta y vallas laterales, con el objetivo de ofrecerles resguardo si hace mal tiempo y de evitar una eventual caída de algo, por pequeño que sea, a la carretera. Para reforzar la seguridad, los técnicos han colocado cuatro cámaras de vigilancia, dos en cada acceso. Por la noche, ocho proyectores iluminarán la plataforma, completada con unas «fluorescentes antivandálicas». Árboles y flores engalanan las dos entradas.
Después de mucha «paciencia, coraje y tenacidad sobre las espaldas» para superar los dos meses 'extra' de obras, Azkuna zanjó la breve pero intensa historia del montaje del puente con un final feliz: «Estamos orgullosos porque se ha demostrado que la finalidad de la pasarela era buena».









