Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Local

Estás en: El Correo Digital > Local
PLAYEROS
Un pequeño ciclón
Vive en Ondarroa y le encanta la playa de Arrigorri, donde juega con las amigas y no para de hacer castillos
Vota
0 votos

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Un pequeño ciclón
Esta mañana no se ha puesto su bañador favorito, que es naranja, pero se ha aguantado. Ya ha cumplido ocho años y no le gusta que la vean llorar. Con tal de que no falte el cubo y la pala, se conforma. «¿Me lo paso muy bien haciendo castillos!», deja claro abriendo mucho la boca, sobre todo al final, con una 'o' perfecta, redonda, que dura varios segundos. Son las nueve y media de la mañana, el cielo está despejado y la playa de Arrigorri se encuentra a sus pies. La pequeña ondarresa Nerea Urresti se frota las manos...

Mientras tanto, su tía María José extiende las toallas, saca las cremas y le revuelve el pelo a la sobrina menor, Ane, que rehúye convertirse en el centro de atención. Ella prefiere observar, con los ojos muy abiertos y la barbilla sobre el pecho. No se pierde detalle. Nerea le sonríe antes de arrodillarse y ponerse manos a la obra. La arena está húmeda y lista para modelar. Así que agarra el cubo, frunce el ceño y le asoma la lengua, como una culebrilla curiosa que desea tomar el sol. Aquello no es más que un instante... ¿Visto y no visto! Enseguida comienzan a aparecer castillos de cuatro almenas como setas, uno tras otro, al ritmo de las coletas de Nerea que suben y bajan sin parar. «No me canso nunca, me salen muy bien», murmura en plena faena. Se detiene un segundo y da un resoplido que le hace bailar el flequillo.

Poco a poco, empieza a llenarse Arrigorri pero ella no levanta cabeza. «Todavía no han venido mis amigas, entonces jugaremos juntas». Antes que aburrirse, Nerea prefiere sudar la gota gorda. Es una cría de mirada tranquila pero puro nervio. Igual que su padre, Javier, que siempre le manda un beso antes de tirar de la cuerda con los compañeros del Mutriku-Sokatira Taldea. Ella intenta seguir sus pasos, por eso no para. «Hace tres años, aprendí a nadar en la piscina y puedo bucear un poco», cuenta con orgullo y de carrerilla, casi sin respirar.

Al caserío, a la tarde

A estas alturas, lleva hechos nueve castillos. Perfectos y a la primera. Su hermana, Ane, los cuenta con el dedo, una y otra vez, y luego se queda mirando a la gente que pasea por la orilla. El sol pica con ganas cuando Nerea, por fin, alza la vista y, después de contemplar detenidamente su dedo pulgar, confiesa feliz: «¿Ésta es la mejor playa!».

Tras unos segundos, vuelve a la carga y hunde las manos en la arena. Hoy se han levantado pronto para aprovechar el día: piensan disfrutar del sol hasta la hora de comer y, a la tarde, marcharán todos al caserío. Esta mañana, Begoña, su madre, tenía que hacer recados y Javier está trabajando. Les echa de menos, pero ya se le van los ojos de aquí para allá. «Es que mis amigas vendrán dentro de poco». El pequeño ciclón de Ondarroa se impacienta...
Vocento
SarenetRSS