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Cultura

CRÍTICA DE CINE
Una boda muy tramposa
18.08.07 -
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Una boda muy tramposa
COMEDIA. Robin Williams es uno de los protagonistas del filme.
Las peripecias de una pareja, dispuesta a casarse a pesar de las trabas que pone en su camino al altar un sacerdote metomentodo, es lo que describe 'Hasta que el cura nos separe': comedieta yanqui de escaso fuste, cortada a la medida del histriónico Robin Williams, aliñada con un descafeinado sentido del humor. Con decirles que los momentos más ocurrentes de la parodia llegan al final, una vez terminada la cinta, cuando se hace un somero repaso a las escenas descartadas, está dicho todo. Intento vano, pues, por seguir de algún modo la estela de exitosos enredos familiares, al estilo de 'Los padres de ella', pero en tono muy menor.

De ahí que el embrollo transcurra con más pena que gloria, hasta el punto de que la incesante jerigonza llega a fatigar al sufrido espectador. Algo que ni siquiera remedia una breve secuencia en la paradisíaca Jamai- ca, en un conjunto tan repetitivo como trillado, plagado de diálogos tópicos -«lo que no te mata, te hace más fuerte»- y chistes fáciles, en relación con el Papa Benedicto XVI, Bill Clinton y George Bush.

Y, aunque el argumento pretenda estar bien organizado, no cala en la esencia de los personajes porque se queda en lo anecdótico, en el juego insustancial de las relaciones personales y en lo azaroso de las mismas. Estreno veraniego, por tanto, trivial y manido, donde vuelve a quedar claro el escaso talento de su director, Ken Kwapis ('La novia del presidente'), su incapacidad para dibujar personajes -en principio, jocosos- o para crear unas situaciones festivas.
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