
De ahí que el embrollo transcurra con más pena que gloria, hasta el punto de que la incesante jerigonza llega a fatigar al sufrido espectador. Algo que ni siquiera remedia una breve secuencia en la paradisíaca Jamai- ca, en un conjunto tan repetitivo como trillado, plagado de diálogos tópicos -«lo que no te mata, te hace más fuerte»- y chistes fáciles, en relación con el Papa Benedicto XVI, Bill Clinton y George Bush.
Y, aunque el argumento pretenda estar bien organizado, no cala en la esencia de los personajes porque se queda en lo anecdótico, en el juego insustancial de las relaciones personales y en lo azaroso de las mismas. Estreno veraniego, por tanto, trivial y manido, donde vuelve a quedar claro el escaso talento de su director, Ken Kwapis ('La novia del presidente'), su incapacidad para dibujar personajes -en principio, jocosos- o para crear unas situaciones festivas.






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