
Ballester reconoce que cuando le invitaron a participar en estos encuentros tuvo que cambiar sus parámetros a la hora de crear. El pintor ha utilizado para componer esta obra, por una parte, cuadros propios y, por la otra, troncos inservibles que pertenecen a árboles de los alrededores.
Su intención era que Sajazarra formara parte activa de la composición. Todo el suelo está cubierto de distintos tipos de madera de las mismas dimensiones, que han sido despiezados a lo largo de varias semanas con mucha precisión. Cuándo se le pregunta a Ballester sobre qué quiere que reciba el público de su creación afirma que «lo mágico y lo atractivo del arte es que los espectadores proyectan distintas y particulares ideas basadas en las experiencias y situaciones que cada uno ha vivido».
Conservar la esencia
Estos Encuentros de Arte de Sajazarra, que ayer fueron inaugurado y que contaron con la visita del director general de Cultura, Javier García Turza, cumplen su decimoctava edición y, desde sus inicios, son muchas las cosas que han variado, sin embargo, conservan la esencia que les llevó en su día a seguir celebrando este encuentro de música y pintura.
Esa esencia está basada en la sencillez y el buen acogimiento que tanto la organización como los sajenses han mostrado a todos los artistas que han dejado su huella en el pueblo. Lo que hace especial este encuentro es su cercanía y la forma de involucrarse de todos sus habitantes.
Como comenta Carlos Rosales, licenciado en Bellas Artes y comisario de los encuentros de arte, los artistas reciben «cariño, trabajo, hospitalidad y procuramos que aquellos que hayan pasado este festival vuelvan y lo consideren su segunda casa».
Presume también de que «hacen amigos» y de que «es una alternativa diferente para los grandes pintores acostumbrados a espaciosas infraestructuras culturales, ya que les permiten jugar con edificios, paisajes y calles de la localidad a su antojo».





