En los últimos días, los partidos vascos y los responsables institucionales no ocultan su inquietud por el rebrote de una violencia callejera que ha provocado ataques organizados de considerable gravedad en Ondarroa y Amorebieta, además de Vitoria y la propia capital donostiarra. En este clima, podía preverse que la izquierda abertzale aprovecharía la Semana Grande de San Sebastián -y la de Bilbao que comienza hoy- para impulsar actos tan minoritarios como perturbadores del derecho de todos a disfrutar de unas fiestas en paz y libertad. Cabe esperar y exigir que los encargados de garantizar la seguridad sean capaces de prevenir, en lo posible, los incidentes. Y que, en caso de que éstos lleguen a producirse, se apliquen a atajarlos y a poner a sus responsables a disposición de la Justicia. El reproche de ineficacia a la Ertzaintza por parte de Odón Elorza se salta otros cauces más idóneos, pero el mejor apoyo que puede recibir la Policía autonómica es el adecuado diseño de los operativos y los medios y efectivos suficientes para proteger a los ciudadanos. Éstos tienen que percibir que las mesas de seguridad y las reuniones de coordinación se convocan antes de que surja un problema, y no cuando éste ya ha contaminado la que debe ser una relación institucional fluida. Y mezclar, como hizo ayer el consejero Balza, un exagerado desacuerdo puntual con una sentencia del Supremo sobre banderas y el frustrado 'proceso de paz' sólo constituye una sobreactuación incomprensible.







