
El número de accidentes en la zona sigue en aumento. Según datos del instituto armado en Huesca, los equipos de rescate de montaña de Jaca, Boltaña, Benasque y Panticosa llevan efectuados en los siete primeros meses del año, 255 rescates, con un balance de 12 personas fallecidas, 144 heridas y 99 ilesas. De las víctimas mortales, cuatro residían en el País Vasco. Fuentes de la Guardia Civil señalan que la siniestralidad crece cada año entre un 4% y un 5%, consecuencia del incremento de visitantes que registran estos espacios naturales.
Los meses de julio y agosto concentran el 65% de los rescates. «Es normal, se trata de un periodo en el que la gran mayoría de los ciudadanos están de vacaciones y aprovechan para acudir al Pirineo. Efectuamos una media de tres intervenciones diarias, aunque hay jornadas en las que tenemos hasta siete rescates», aseguran las mismas fuentes. La hipotermia, las congelaciones, los traumatismos y las fracturas son las principales secuelas de los accidentes.
La cara Norte y el Glaciar del Monte Perdido, el Marboré, la Brecha de Rolando o las crestas de Salenques, el Aneto, el Bailatus, el Garmo Negro o los Mallos de Riglos son sólo algunos de los escenarios que concentran buena parte de los accidentes. Sin embargo, el auténtico punto negro es la denominada Escupidera del Monte Perdido, donde desde 1968 han fallecido nada menos que 65 personas. Se trata de un corto paso, el único punto peligroso de la vía normal de subida a esta cumbre, la tercera más alta de los Pirineos. Justo debajo de la cumbre y antes de llegar al collado, existe una pedrera con un desnivel muy fuerte en forma de pequeño embudo, por lo general con nieve dura. Un resbalón allí basta para desencadenar la tragedia. El montañero cae y se desliza por la pendiente helada, que 'escupe' a la víctima a una caída en vertical de unos 80 metros. Una muerte segura.
Causas naturales
Especialistas de la Guardia Civil afirman que parte de los siniestros tienen su origen en causas naturales. Las caídas en las grietas de los glaciares, los desprendimientos de rocas o las avalanchas de nieve desencadenan al cabo del año decenas de percances. También los repentinos aumentos del caudal de los barrancos dan lugar a momentos de máximo riesgo. «Las tormentas hacen que el caudal aumente en un tiempo muy corto y sorprende a los barranquistas en plena actividad», dicen los expertos.
Los cambios de tiempo imprevistos también se cobran su particular tributo. «Las tormentas en alta montaña son mucho más virulentas que en el valle y cuando llegan acompañadas de rayos, fuerte viento, granizo o niebla el riesgo es alto. En verano, casi todos los años tenemos algún accidentado por la caída de un rayo, sobre todo en las crestas de los picos», afirman.
Si parte de los accidentes se deben a situaciones que la propia montaña genera, otro alto porcentaje está causado por los propios montañeros, principalmente por la falta de preparación física y técnica. «Es habitual que nos encontremos con personas que van con equipos no apropiados y que no se han alimentado como es debido, con la clásica pájara. Esto puede generar una patología grave».
Los golpes de calor, el mal de altura y la «irresponsabilidad por no saber renunciar a tiempo», desencadenan asimismo víctimas. «Hay quienes vienen al Pirineo desde muy lejos, sólo para hacer cumbre. Y a pesar de encontrarse con mal tiempo, de que los pronósticos meteorológicos anuncian tormentas, ellos insisten, y al final hay que ir a buscarlos. Hay un generalizado desconocimiento de los peligros que la montaña entraña, de las mínimas normas de seguridad».
Fuentes de la Guardia Civil afirman que hay reglas que conviene tener presentes antes de salir a la montaña. «En el caso de que se produzca un accidente, lo importante es mantener la serenidad. Hay que asegurar al herido para evitar más riesgos, para impedir que tenga un segundo accidente. Si alguno de los compañeros tiene conocimientos, conviene practicar los primeros auxilios. A partir de ahí, hay que buscar la forma más rápida de dar el aviso a los equipos de rescate, ya sea por radio o telefonía móvil. Si no hay cobertura, que suele suceder, lo adecuado es que uno se quede con el herido y otro acuda al refugio más próximo o a la localidad más cercana».
Nunca ir solo
En el supuesto de que no haya más remedio que dejar al herido solo, los expertos en rescate aseguran que conviene abrigarle y suministrarle líquido y alimentos. «Es vital, también, coger una buena referencia del lugar en el que se ha producido el accidente. A veces, nos dan ubicaciones erróneas, con lo que se retrasa la localización del herido. Hoy en día, cada vez se utiliza más el GPS que proporciona una localizaron exacta y eso facilita nuestra labor. Es igualmente importante que nos den datos sobre las condiciones meteorológicas, así como del tipo de lesiones que la víctima presenta, la gravedad, si ha perdido el conocimiento..., elementos que siempre son de ayuda al médico que va en el helicóptero».
Los especialistas de la Guardia Civil sostienen que a la montaña conviene siempre ir acompañado. «El más mínimo contratiempo puede convertirse en un problema», señalan. Es preciso también comunicar a familiares y amigos la ruta prevista, no descuidar la condición física, portar el material idóneo y si no se tiene claro, es aconsejable preguntar a los expertos, a los clubes de montaña o a la Guardia Civil.
Para los responsables de los equipos de rescate, el tiempo es un factor determinante. «Las condiciones meteorológicas son vitales. En la montaña, basta media hora para que un día maravilloso se convierta en una jornada infernal. Incluso los más expertos lo pasan mal. Solemos decir que la montaña siempre está ahí y que es preferible volver otro día antes de correr un riesgo innecesario».







