El gran desfile orquestal de la Quincena Musical lo inició con un concierto sobresaliente la Sinfonía del Teatro Mariinsky de San Petersburgo. Su titular Valery Gergiev eligió un programa en el que además de una obra poco conocida de Shostakovich, un Wagner de preciosismo para la familia de las cuerdas, asombró con una lectura de expresionismo explícito con la Sinfonía nº 5 de Mahler. Consciente de las virtudes musicales de la Orquesta del Mariinsky, realizó una versión fuertemente sugestiva de la música de Mahler, en la que una leve presencia de aire eslavo otorga un cierto encantamiento, siempre respetuoso con el sinfonismo marcadamente gérmanico del compositor austríaco.
¿Excelente orquesta! Todo en ella funciona con perfección, desde la sobresaliente sección de trompas hasta la tersura de sus cálidas cuerdas. Todo sonó bien, con imaginación y justeza. Y no parece cosa fácil lograr del tan conocido 'Adagietto', música idealizada en tantas ocasiones, una lectura tan plenamente emocionada. La presentación ya impresionó con el inicial 'Preludio de Lohengrin', de Wagner, para, a continuación componer un excelente Shostakovich con su Concierto para piano, trompeta y cuerdas. Interesante el pianista Alexei Volodin y sensacional el canto legato de la trompeta, con Gannady Nikonov.