
EL VOLUMEN
En el fascículo que mañana entregará EL CORREO están algunas de esas obras que no pueden faltar en ninguna lista de lo mejor del género. El Concierto para piano y orquesta Nº 1. Para muchos, 'el concierto'0. Brillante, teatral, muy exigente con el solista y con uno de los arranques más célebres de la historia de la música, lo tiene todo para ser una obra de éxito, que siempre le ha acompañado su trayectoria desde su estreno, pese a las dudas del compositor y de maestro Rubinstein.
Más lírico es el concierto para violín, con melodías de extrema belleza. Lo mismo sucede con la Sinfonía Nº 5, que usted habrá tarareado en más de una ocasión, aunque no sepa de qué obra se trata. El 'Capricho italiano', la 'Obertura 1812' y la 'Marcha eslava' son obras de fácil escucha. Colorista la primera, fruto de una estancia del músico en Roma durante los carnavales, en un viaje en el que consiguió ser feliz y se enamoró de la luz, los olores y los colores del Mediterráneo. Partitura conmemorativa la segunda, escrita para recordar el triunfo ante Napoleón, cuando el 'general Invierno' derrotó al mejor ejército que había visto la Historia. Junto a la orquesta, un coro, las campanas de una iglesia... y unos cañonazos. La obra fue compuesta para ser interpretada al aire libre. El mismo espíritu late en la 'Marcha eslava'.
Una vez más, las versiones son de primera. La Filarmónica de Berlín, con Karajan a la batuta. Además, dos solistas de excepción: el pianista Svjatoslav Richter con una versión incendiaria; la violinista Anne-Sophie Mutter, muy joven cuando se realizó la grabación, convierte en pura poesía la partitura que tiene ante sí.







