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Sociedad

TOROS
Hermoso hace cosas muy difíciles y muy bonitas
18.08.07 -
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Hermoso hace cosas muy difíciles y muy bonitas
CALIDAD. Pablo Hermoso de Mendoza pone una banderilla en el coso de Illumbe. / EFE
Era corrida mixta y el primero de los dos toros de rejones saltó al callejón. De sopetón. En la ganadería de Los Espartales, la crema de cuyas camadas se reserva todos los años Pablo Hermoso, no es raro el toro que salta la barrera y lo normal, además, es que los que saltan salgan mejores que los que no. Se cumplió la regla. El cuarto de corrida ni saltó ni ganas de hacerlo. De los dos toros que mató Pablo el mejor fue el que barrió el callejón. Toreó con calidad y alegría. El difícil, que no malo, sino mansote, fue el otro y a ése lo toreó Pablo todavía mejor.

No es sencillo torear bien a pie al toro que mansea, y que lo hace por falta de empuje o de voluntad. Pero hay recursos a mano. A caballo cuesta mucho más torear los mansos. No es lo mismo echarle una muleta al hocico a un toro que meter un caballo en un terreno en el que no se puede escapar en un revuelo o con un golpe de muñeca. Pablo corrió con todos los riesgos para provocar al toro, que no tuvo casi ningún celo. Sí nobleza. Con ella sola no daba para nada. Hasta que se le antojó a Pablo ponerse en danza y en serio. De las cuatro faenas de Pablo a caballo esta semana en Illumbe, esta cuarta fue no la más brillante, sí la más difícil. Todo lo puso Pablo.

O casi todo, porque siempre hay un naipe que es del toro. Cuatro caballos corrieron con el gasto. 'Lagartijo' en el tercio de castigo, y sólo para un rejón del que salió el toro dolido y rebotado; el castaño 'Chenel' y el tordo 'Fusilero' en farpas largas, que es como la faena de muleta; y el tordo mexicano 'Sármata' para clavar cortas y matar. O no matar, porque el rejón de muerte sólo entró al quinto viaje. Pablo decidió atacar fuera de las rayas, no ayudó el toro en el primer embroque, en el segundo echó la cara arriba y desarmó, y luego se puso por delante. Así que no pudo coronarse una faena que fue prodigio y pródiga.

Las dos cosas a la vez. Los recortes y pasadas por los adentros en templados galopes de 'Chenel'; las piruetas de 'Fusilero', que no fueron adorno de salida siempre, sino cites; los galopes de costado del propio 'Fusilero', veterano pero en un momento extraordinario; su forma de rodar los cuernos del toro con la grupa en esos galopes de costado. La habilidad de Pablo para mantener al toro fuera de las rayas fue de torero grande. El toro estaba tan dominado y parado que de repente pareció estar viendo a Pablo y la corrida como un espectador más.

Sarta de pinchazos

Con 'Sármata', antes de la sarta de pinchazos, Pablo hizo alardes: cites con la cara del caballo dentro del cacho del toro y cruzado lo indecible. Dócil el cuello tan bien gobernado de ese tordo que es, para muchos, el caballo mejor pero más secreto de toda la cuadra. Con el primero de corrida no hubo ni que arriesgar ni que inventarse tantas cosas, sino atacar de caras, cuartear a lo clásico, clavar arriba, salir toreando de los embroques y no dejar a nadie pegar ni un capotazo. Muy torero, Pablo simuló torear con la palma de la mano a la salida del último ataque en banderillas. Un pinchazo sin soltar, una estocada sin puntilla. Mínima petición de oreja. Como si tales maravillas se vieran todos los días.

El toreo ecuestre fue más brillante que el pedestre. Ninguno de los cuatro toros de José Luis Marca dio alegrías ni al ganadero ni a los que se pusieron delante ni a los que estaban de miranda. Ni mansa ni brava, ni fácil ni difícil la media corrida en puntas. Muy afiladas las sacó el segunda. Parado luego. Castella, apático, no se sintió motivado. Estrellado dos veces de salida contra un burladero, el tercero, flojeó en la muleta, echó la cara arriba. De abajo arriba lo pasó Eduardo Gallo en faena cortita de todo rematada con una especie de pendular arrimón final entre pitones muy celebrado.

Castella se templó de capa en el saludo al quinto. Verónicas mecidas de bello compás, sueltas las muñecas. Pareció toro de buen tranco, Castella abrió con su personal muletazo cambiado por la espalda -a la distancia el cite, en el platillo el torero enterrado de pies- y eso gustó, pero el toro claudicó en el primer viaje obligado por abajo. Las claudicaciones fueron tan constantes como los mugidos y gruñidos desoladores del toro, que, por falta de poder, repuso siempre. Sueltos hubo muletazos cadenciosos. Nunca dos ligados. El sexto, buen mozo, badanudo, botinero y burraco, tuvo fijeza en varas, pero cobró más de lo debido. Buen arranque de Gallo, enfrontilado en la distancia, templado en una tanda suave con la derecha. Ya no hubo más toreo en la distancia, sino todo lo contrario. Muletazos sueltos con la zurda, muchas voces y varios tirabuzones finales, de meterse entre pitones, que a veces no es una solución sino un problema. Se fue de tiempo la cosa. Dos vueltas le dio la banda a

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