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DATOS DE INTERÉS
Después de cortar el listón, los representantes hicieron el recorrido oficial en torno a las barracas acompañados de la música de la Banda Municipal. Este año, el recorrido fue más corto por la visible disminución del número de atracciones. «Creo que como todos los años, desde el momento que damos la vuelta empieza la fiesta, el circo y las barracas», comentó el alcalde, que insistió una vez más en que «la fiesta transcurra en paz». «El que es tonto de niño es tonto de mayor», dijo con respecto a los que lanzan harina y huevos en el txupinazo. «No sé de dónde lo han sacado, pero lo único que hacen es estropear la fiesta. Las familias que quieren acercarse no lo hacen por temor a salir perdidos», censuró. «Hemos insistido mucho en que dejen de hacerlo y que tengamos una fiesta limpia, pero no es que no entiendan es que son tontos», agregó. Según Azkuna, «si este año no hacen caso por las buenas habrá que tomar otras medidas».
Después les tocó el turno a los concejales, que como ya es habitual en estas fechas, disfrutaron con los primeros viajes en las atracciones. La edil responsable de fiestas, Isabel Sánchez Robles, confesó que no se sentía obligada a subir a las barracas, pero que lo hacía con ganas «porque me gusta y esto es como los coches, tú eliges a cuál subirte». Tras las explicaciones se subió con el resto de concejales al 'Megacanguro'.
«Los mismos precios»
Poco después, con todos otra vez en tierra, Antonio Basagoiti confesó que todavía tiene edad para disfrutar del vértido de las atracciones. «Cualquiera de menos de 105 años debe subirse a las barracas», recomendó. Alberto Domínguez, por su parte, se congratuló por el buen tiempo. «Estábamos preocupados, pero parece que nos va a respetar», agregó. El portavoz de los feriantes vascos aprovechó el acto para recordar que este año no se han incrementado los precios de las atracciones. «Los mantenemos, a pesar de todos los tipos de subidas que afrontamos», advirtió.
Cumplido el protocolo, el público se acercó al ferial. Uno de los que se estrenaban en el circo fue Ander Fernández, que asistió en compañía de su hija Anne. «Esperamos que nos guste mucho, sobre todo los tigres», comentaba poco antes de desaparecer por la carpa gigante. Ramón Bañuelos, en cambio, no estaba para sorpresas. Él se encargó de bailar el aurresku inaugural y «son ya 22 años asistiendo a este tipo de actos. La verdad, ya no me acuerdo cuándo actué aquí por primera vez, pero debo decir que me encanta».










