SEGUNDA DE FERIA
¿Terrorífica? Ni hablar. ¿Encastada? Por supuesto. Y mucho. Los toros no huelen a cloroformo. Sólo a toro. Se espera una corrida muy, pero que muy interesante. Las ganaderías de encaste Santa Coloma son ahora mismo minoría. Y más que van a serlo porque el gusto de la mayoría de los paganos se ha encauzado hacia sabores dóciles, dulces, fáciles. Dentro de un orden. Los toros de sangre Santa Coloma suelen salir ácidos. O depende. De La Quinta se lidió en Madrid el pasado San Isidro una exquisita novillada, que, teniendo casta y, por tanto, agresividad, salió buena y noble. Los toros son un año mayores que los novillos. Es de cajón. Y en ese año se aprende. Hoy sabremos cuánto.
Más a propósito de Santa Coloma: hace apenas un mes, en la bella Azpeitia, aquí cerca, se jugó una corrida de Ana Romero, una de las contadas ganaderías andaluzas de encaste Santa Coloma. ¿Y? Corrida extraordinaria. Brava, noble. Esos son los antecedentes y el parentesco de los seis toros de hoy en Bilbao. Se espera corrida dura como el pedernal. Chispas deberían saltar. ¿Y si no saltan? Que al menos sea corrida en el tipo de la ganadería: no cornalona, no regordía, no basta, no embastecida. Sino fina de pellejo, ligera, viva, con todo en su sitio.
El cartel de toreros es insólito. Padilla, Antonio Barrera y Salvador Cortés no han toreado nunca juntos. El detalle provoca dos reflexiones. La primera, que es el pensamiento del condenado por desconfiado: es cartel improvisado, o de compromiso o relleno. La segunda, que es la salutación del optimista: por novedoso, será cartel atractivo. Lo dará todo, como suele, Barrera, que está interesante. Cortés, lo mismo. ¿Y Padilla? Padilla es en Bilbao el amo. Suyas son las llaves, como dijo aquél. Las llaves de Norte.









