
El caso es que ayer no llovió. Tanto es así que tras arrastrar al segundo ejemplar en el orden de lidia se debió de regar el ruedo. Menuda polvareda levantaron los caballos. 'Flamenco', 'Benfica' y 'Ruiseñor'. 'Curro', 'Chenel' y 'Oroviejo'. Ni el capote de No me tiren de la lengua. Como les adelanto en la ficha técnica del festejo, salvo los ejemplares corridos en primer y sexto lugar, el comportamiento de las reses de Fidel San Román destacó, es un decir, por su falta de raza. Cierto es que se movieron. Pero sin verdadera entrega. Sirva como ejemplo el primero del lote de Hermoso de Mendoza. Astado desrazado, reservón y sin fondo. De salida se empleó con discontinuidad, a regañadientes. Tras sentir la segunda banderilla se paró. Más que acometer, defendió su terreno. A cabezazos. Sin clase. Pese a la adversidad, el rejoneador estellés ofreció la grupa de 'Chenel'. Acortó los terrenos y atacó al pitón contrario. A fuerza de buscar la cara al morlaco, logró cuajar dos brillantes banderillas cortas a lomos de 'Oroviejo'. Seguidos de vibrantes desplantes 'telefónicos'. Paseó una oreja. Trabajada. Merecida. Sudada. El quinto astado del festejo, lidiado como sobrero, fue animal de bastas hechuras, atacado de kilos, excesivamente montado. Embistió de salida con los pechos. Siempre por delante. Nunca desde los cuartos traseros.
Hermoso de Mendoza dividió en dos actos el tercio de banderillas. A lomos del templado 'Silveti' ahormó las arrancadas. Montando a 'Fusilero' redujo las distancias. Y ajustó los embroques. Una barbaridad. Remató las suertes con piruetas. Hasta tres seguidas. Cuando el toro se agarró al piso, 'Sármata', un auténtico diablo a cuatro patas, armó un auténtico revuelo. El caballo pareció suspenderse en los encuentros. Paró el tiempo. Realizó inverosímiles escorzos para dejar llegar hasta la mismísima silla al astado. Se revolvió cara a cara; incluso lanzó un bocado a la penca del rabo del toro. Moribundo. Que todo hay que decirlo. Tardó en caer el de San Román. Paralelamente, decayó el entusiasmo del respetable. Pablo debió de conformarse con una ovación. Eso sí, Atronadora.
Faena de pico y pala
Joao Moura hijo dispuso de un primer toro que se movió a oleadas. De aquí para allá. Sin auténtica voluntad de bravo. De salida apretó tela. No tardó en desparramar la atención. Bastó un rejón de castigo para que su inicial celo se evaporara como el agua. Por no querer, no quiso ni los terrenos de adentro. Se limitó a esperar las cabalgaduras del bravo jinete portugués. Moura expuso en faena de mono de labor, de pico y pala. Con todos los respetos. Apuró los encuentros. Ofreció las grupas. Condujo de costado. Aflojó las riendas con criterio. Si buenas fueron las banderillas logradas a lomos de 'Salteador', de excelente debo calificar las dos cortas y un par a dos manos cuajadas desde lo alto de 'Camarón'. Pese a un inoportuno pinchazo cobró un trofeo mayoritariamente pedido por los espectadores que abarrotaron Vista Alegre.
Frente al ejemplar que cerró festejo, vareado de carnes, alto de agujas y descolgado de riñones el pequeño Moura anduvo excesivamente académico. Faltó la sal y la pimienta. Cuando presentó a 'Belmonte' ya era tarde. El respetable había desconectado. Ajustó los embroques e intento recuperar el tiempo perdido sacando al ruedo a 'Bucanero'. Lamentablemente, su desatino con las banderillas cortas, por dos veces falló en la suerte del violín, y su desacertado manejo del rejón de muerte, y del descabello, le impidieron cerrar el festejo como lo empezó.
Por su parte, Moura padre no terminó de imponerse al ejemplar que rompió festejo. Toro de desclasada acometividad. Alegre y con transmisión. Dos de los rejones de castigo se partieron por la hoja, por lo que el animal llegó poco castigado al tercio de banderillas. Lo acusó el maestro luso. El segundo ejemplar de su lote se descompuso tras el primer rejón de muerte. Protestó con aspavientos. Amenazó con rajarse. Moura le administró con inteligencia las querencias. Cuajó una labor meritoria, sorda, de solvente ejecución. Para aficionados. Como casi siempre falló con el rejón de muerte. Hay males que ni el tiempo cura. Con todo, el público le tributó una calurosa ovación. Sonó a despedida









