
«Me ha sido imposible concluir el libro, si bien he adelantado bastante en la recopilación de fichas, ya que poseo más de mil nombres de grabadores desde finales del pasado siglo hasta nuestros días», explicaba por entonces a EL CORREO. Ordenar todo ese material y darle forma era su próximo reto.
El retraso acumulado con la mencionada publicación también afectó al segundo de los libros, con los usos y costumbres de principios de los 90 como tema central. Pedro Celaya, no obstante, también tenía en mente sacar adelante tal creación literaria, una especie de recordatorio de tradiciones y forma de ser y actuar de los eibarreses en aquella etapa.
Al igual que con el damasquinado, sus horas volaban enfrascado en recabar vivencias personales, fundamentalmente de eibarreses de edad avanzada que pudieran trasladarle aspectos fidedignos y reveladores de formas de actuar y de obrar en un tiempo pasado y ya en el olvido.
Su búsqueda priorizaba aspectos relacionados con la forma de celebrar las fiestas de San Juan, San Andrés, además de romerías, carnavales y actos religiosos, entre los que se enmarcaba, por ejemplo, la tradición de las tortas de San Blas. De esa manera podría indagar en la manera de disfrutar el ocio por parte de aquellos eibarreses que vivieron a principios del siglo XX.





