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En el ojo del huracán
La isla mexicana de Cozumel se prepara para sufrir de nuevo el furioso embate del viento y la lluvia
20.08.07 -
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En el ojo del huracán
CANCÚN. Protegiendo casas.
«Mi modo» es la expresión mexicana que mejor define la situación en esta isla del Caribe llamada Cozumel, que significa la aceptación de lo inevitable y lo irremediable. El cozumelense tiene algo de oriental y algo de iguana. Se altera por pocas cosas. Pasó el 'Wilma' y se enorgullece de otra docena de huracanes que apenas han dejado víctimas en la isla. De hecho, las emisoras de radio recuerdan para enardecer a la población que las estadísticas hablan de un ínfimo número de muertos. La mayor parte cobrados por el ojo del ciclón entre el bandidaje, gentes que aprovechan el desarme de la población para hacer acopio de lo ajeno entre las ruinas, durante esa calma chicha pasajera que en realidad nadie sabe lo que va a durar.

Llevamos días de preparativos. Hemos bloqueado las ventanas con tablones dejando pequeños resquicios para que el infortuno visitante no se sienta atrapado, se concentre y acabe por reventar una estancia. Los establecimientos se encuentran desabastecidos, las colas de las gasolineras son kilométricas. Y ya no hay dinero en los cajeros automáticos. Un espíritu solidario lleva a los experimentados isleños a recomendarte que no te dejes arrastrar por el canto de sirena del ciclón y te mantengas en el refugio hasta que haya pasado lo peor.

Preservarte del ojo que confiere una dudosa confianza y cuya calma puede oscilar entre 10 minutos y una hora. Hacer acopio de agua potable y escuchar los consejos de las autoridades a través de la radio. Muchas de las recomendaciones son de sentido común: no tendrás electricidad, ni gas y el 'tsunami' que va a ocasionarse tras el paso del ojo del huracán se calcula que puede producir inundaciones de un metro o más. Así que hemos previsto concentrarnos en el primer piso de la casa.

Desinformación

Al 'Dean' se le compara con el 'Emily' y otros, y se recuerda que los peores huracanes han pasado por la isla sin poder con ella y que ya forman parte de la cultura de lo inevitable, que no es la cultura del inconsciente. Mientras, las televisiones internacionales se dedican a desinformar a la población con imágenes que hablan de catástrofes naturales que nunca han sucedido. También tenemos la impresión de que la información que nos llega de fuera ayuda muy poco, como no sea a incrementar la psicosis de los que ya tenemos bastante con lo que preocuparnos.

«El 'Wilma' fue duro. Estuvimos tres días encerrados y sin apenas información. Carecíamos de teléfono, el tendido eléctrico se vino abajo y los paseos de nuestro malecón se abrieron como si se hubiese producido un terremoto. Pasas mucho miedo, sobre todo porque no sabes en realidad lo que sucede a tu alrededor».

El ingeniero Dante Espinosa tiene una pequeña constructora en la isla y una familia adorable con los que he celebrado esta pasada semana el cumpleaños de su mujer en compañía de mariachis y de un 'tsunami' de tequilas. «El mayor problema de un huracán es que se quede, que dure. Su lentitud multiplica su capacidad devastadora. Por eso 'Wilma' fue terrible y nos hizo tanto daño». Apenas dos años han transcurrido de aquella experiencia y la isla se ha levantado. Isaac, un divorciado de oro con cadena de la colección de 'Joyas de la corona' y Rolex a su muñeca, cuenta que su chiringuito, en un recodo privilegiado del Caribe, ha sido destruido tres veces consecutivas y vuelto a levantar.

Los pobres lo tienen peor, como es normal. Se ha parapetado en su nada y el Ejército acabará como siempre por evacuarlos a punta de fusil. Se irán cortos de equipaje. A la hora de enviar esta crónica, el mar esmeralda está en calma. El calor abundante nos mantiene como ajenos y nada predice lo que pueda suceder, si todo queda en aventura o será un mal sueño de lo que lo peor siempre será al despertar. Me dicen que esto es como un bautizo y que desde ahora pertenezco a la cultura del huracán. Otra constatación de lo vulnerables que somos los humanos.
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