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Los médicos españoles denuncian el bloqueo del material sanitario
«Cuando uno viene a ayudar no se queja mucho, viene a ayudar», dice el jefe del Estado
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Los médicos españoles denuncian el bloqueo del material sanitario
VÍCTIMAS del terremoto comen entre las ruinas de Pisco. / REUTERS
En el aeropuerto de Pisco, donde se concentra la ayuda humanitaria, la doctora española Ana Caravaca, de la ONG Salvamento y Rescate, denunció la inoperancia de la organización: «Traemos más de cien toneladas en material logístico y sanitario pero está bloqueado en Lima desde hace dos días. Hoy nos van a entregar el 10% pero el resto es urgente para ayudar a las víctimas». También su lamento tuvo respuesta, pública, de Alan García, «cuando uno viene a ayudar no se queja mucho, viene a ayudar». El presidente le recomendó a los cooperantes que se pusieran en contacto con la Embajada de España que «tiene medios», aunque dijo que las Fuerzas Armadas de Perú «están a su servicio».

Por otra parte, el Gobierno prorrogó ayer treinta días más el estado de emergencia en diez departamentos del país afectados por una intensa ola de frío, en momentos en que la ayuda humanitaria se concentra en socorrer a los damnificados por el terremoto. La medida, publicada ayer en el diario oficial 'El Peruano', afecta a Pasco y Junín, en el centro, así como Ayacucho, Apurímac, Arequipa, Cusco, Huancavelica, Moquegua, Puno y Tacna, todos en el sur.

Niños muertos

Desde abril pasado, la ola de frío ha causado la muerte de al menos 70 niños por neumonía, según cifras del Ministerio de Salud. Los termómetros han llegado a 10 grados bajo cero en Puno, región fronteriza con Bolivia y donde la mayoría de su población se dedica al comercio, la agricultura y ganadería de supervivencia. Tras el terremoto que asoló Perú el miércoles pasado, principalmente la costa central, el Gobierno ha concentrado su ayuda en atender a los más de 85.000 damnificados por el seísmo.

Uno de los sucesos más sorprendentes desde que se iniciaron las tareas de rescate es el milagroso salvamento del sacerdote de la iglesia de San Clemente de Pisco, que se derrumbó sepultando a decenas de personas por el temblor. Sobre el cura habían caído dos toneladas de escombros, pero salvó la vida porque los dinteles lo protegieron formando una especie de gruta que impidió que corriera la misma suerte que la mayoría de los feligreses.

José Emilio Torres Mota, de 39 años, celebraba una misa de difuntos en la imponente iglesia, que estaba abarrotada de gente, cuando se registró el seísmo. Las cuadrillas de los bomberos, que lo encontraron casi dos días después bajo los escombros, aún no salen de su asombro cuando relatan la circunstancia de su rescate.
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