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VIZCAYA
A pesar del alcohol
Ralentizados por su beodo líder, los Pogues solventaron su papelón
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A pesar del alcohol
MUY AIREADO. MacGowan cantó ante un ventilador que le alborotaba el cabello.
Cuatro tablados principales emiten luz y sonido cada noche en Bilbao. El sábado, primer día, esquivamos olímpicamente la nostalgia de mercadillo de El Guateque de La Década en La Pérgola, ni siquiera consideramos acercarnos a Abandoibarra a catar los rescoldos OT de Nena Daconte y lo tuvimos fácil al elegir entre la oferta folk: los gallegos Milladoiro crearían sus profesionales y ambientales neblinas célticas en la Plaza Nueva, pero apostamos por los imprevisibles Pogues, británicos a los que definen como punks celtas, se supone que punks porque a veces chillan muy alto.

The Pogues son los que fueron contratados a última hora y por un dineral (30 kilos, dicen) en sustitución de Chayanne. Cuando se enteró del cambio, juzgó Pato: «La segunda vez que los veré. Para fiestas, ni tan mal. Todos a bailar y a beber: borrachos, bolingas, borrachuzos, borrokas, bocazas, borregos, bostezosos, Bosco... Con el Chayanne habríamos visto mas tías». Para tías, a los toros.

A los Pogues les vimos en Vitoria, en el Azkena Rock Festival'05. Dieron una actuación patética por culpa del cantante, el dipsómano impenitente Shane MacGowan, y escribimos una reseña decepcionada en la que señalábamos que la falta de rigor artístico se debió a su maldición alcohólica. El sábado esperábamos algo parecido, pero afortunadamente no fue así: Shane fue de menos a más y la banda electroacústica tocó atenta a su equilibrio renqueante.

A la 1.38 horas sonó de fondo el 'Straight To Hell' de los Clash, salieron los Pogues y abrieron con 'Streams Of Whiskey', una declaración de principios purista en la escuela de The Dubliners. El orondo Shane ajustó el ventilador que tenía enfrente (¿para despejarse?, ¿para remedar con el flequillo al viento el sex appeal de Steve Vai?, ¿para que el viento impidiera el derrumbamiento hacia delante?), dejó su bebida (¿un gin tonic?) en una mesa próxima (¿igual que el difunto humorista Eugenio!) y no se lució en 'If I Should Fall From Grace With God'. En 'The Broad Majestic Shannon', un vals vía los Chieftains, Shane imitó a un director de orquesta, y en tal estado inestable ralentizó a la banda en 'Turkish Song Of The Damned'.

El vaso en la cabeza

Al quinto tema desapareció y otro 'pogue' entonó un rollo rave a lo Oyster Band. Shane regresó para ejecutar bien la balada 'A Pair Of Brown Eyes', y se superó en la briosa 'Boys From The County Hell'. La octava pieza, 'Tuesday Morning', un rock tipo los Mescaleros de Joe Strummer, la interpretó Spider y, cuando retornó al tablado Shane, habló y no se le entendió nada, pues arrastraba las palabras como el típico borracho.

Tras un rock irlandés vía Wolfstone y un instrumental animado con los aires que inspiran al bluegrass yanqui, Shane se arrimó al pop onda The Corrs en 'Sunnyside Of The Street', se dejó invadir por la melancolía en 'Lullaby Of London' y echó el resto en el clásico irlandés 'Dirty Old Town'.

A partir de ahí y hasta el final dio igual que Shane dispusiera de dos gin tonics (¿se colocó uno en la cabeza y se le derramó, claro!), que renqueara por su lesión de cadera o que se riera de sus chistes ininteligibles, pues los hitos se sucedieron: 'The Sick Bed Of Cuchulainn', en plan The Men They Couldn't Hang, y, en el bis, la emocionante 'Sally MacLennane'. Para acabar, la verbena hispánica de 'Fiesta', colofón de hora y media mejor que lo de Vitoria.
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