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MIKEL LÓPEZ, EJECUTIVO DE ACTIVOS EN EL BANCO CREDIT AGRICOLE
«Mi relación con Euskadi es de amor-odio»
Estudió Traducción e Interpretación en Bélgica y, desde enero, trabaja como ejecutivo en Luxemburgo
20.08.07 -
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«Mi relación con Euskadi es de amor-odio»
AVENTURERO. Mikel posa frente a la Bolsa de Bruselas.
Vive y trabaja en países diferentes. Su oficina en el banco Credit Agricole está situada en Luxemburgo pero reside en Athus, Bélgica. Cuestión de interés económico. Vista de banquero. «Estoy a menos de veinte minutos del centro de Luxemburgo y el alquiler aquí me sale la mitad de lo que me costaría en la ciudad», aclara en conversación telefónica. «Hay que tener en cuenta que esto es muy caro. Por ejemplo, un conductor de autobús cobra 3.000 euros netos al mes», desvela.

Esta peculiar forma de vida no es nueva para Mikel López, natural de San Sebastián. Y es que desde pequeño era «muy inquieto». De hecho, pasó bastantes veranos adolescentes aprendiendo inglés en el extranjero. Y ya por aquel entonces tenía claro que en el futuro iba a vivir fuera. «Sin saber a qué dedicarme, lo que sí sabía es que tenía ganas de conocer a gente diversa», recuerda pasados los años.

Los idiomas se le daban bien, pero optó por estudiar Traducción e Interpretación tras quedarse prendado de un programa de televisión que le «marcó para el resto de su vida». «Explicaba la labor que había realizado el intérprete de los acuerdos de paz de Camp David entre Palestina e Israel. Había logrado que personas que no tenían el mismo idioma se entendiesen, cuando estaba en juego la vida de mucha gente», recuerda con admiración.

Se matriculó en la facultad de Vitoria. Pero no le gustó cómo estaba planteada la carrera. Así que para enero ya estaba en Bruselas haciendo trabajos temporales para salir del paso, «coger callo en francés», y conocer la ciudad que se convertiría en su hogar los próximos años. Para entonces, ya había acordado con sus padres el cambio de universidad. Quería estudiar en el prestigioso Instituto Superior de Traductores e Intérpretes de Bruselas. «Hicimos cálculos y entre ir a otra facultad pública o a la privada no había tanta diferencia». El prestigio a nivel internacional de la segunda hizo el resto.

«Tirarse a la piscina»

Y descubrió el lugar perfecto para tornar en realidad aquella vieja aspiración de «conocer gente de todos los lugares». «Podías ver el mundo desde tu ventanita», evoca. «Enseguida aprendí a entender las diferentes sensibilidades y eso, en mi actual trabajo, vale de mucho».

A lo largo de la carrera, además de cultivar los idiomas y las propias técnicas de interpretación y traducción, los alumnos reciben una formación integral. «Tienes que entender lo que un día puedes llegar a traducir. Temas políticos, económicos, internacionales, informáticos». El joven donostiarra, interesado desde siempre por las relaciones internacionales, se especializó en esta rama. Al mismo tiempo, le llamaban la atención las clases de Economía y Finanzas -«será que como buen vasco, soy emprendedor»- y pensó en ampliar sus conocimientos pidiendo una beca Erasmus en otro prestigioso centro académico: la Facultad de Management & Business de la Universidad Heriot Watt de Edimburgo. Estudiaba inglés «para perfeccionarlo y asignaturas de Económicas y Derecho. Aprendí mucho».

Terminó la carrera en 2005 y al poco tiempo le surgió un trabajo como consultor financiero en Madrid. «Ni lo dudé. Era una forma de aprender más. Me tiré a la piscina y parece que floto». Y por fin llegó un empleo hecho a su medida. Volvía al punto de inicio, a Bélgica: ejecutivo de activos financieros del Credit Agricole, con clientes repartidos por Sudamérica, Escandinavia y Oriente Próximo.

«Libertad absoluta»

Así que su actual modo de vida le 'obliga' a viajar cada mes y medio a cualquier rincón del planeta. Además, debe tratar con comerciales, los clientes, firmar contratos... «No me disgusta. Me permite aprender a diario y tengo muy buena calidad de vida. Cualquiera lo hubiera aceptado», sentencia.

Con los amigos, cada uno de un país como es común en Luxemburgo, se reúne a menudo para cenar. Él se encarga de cocinar. La comida vasca es la estrella en estos casos y los agasaja con porrusalda o bacalao al pil-pil. Así olvidan el mundo que les rodea, marcado por un nivel de vida muy alto, «superficial, ajeno a los problemas del mundo que anida en muchos de sus vecinos».

Vive solo, tiene un buen sueldo y goza de «libertad absoluta». Esto no impide que añore a la familia y a los amigos. «Dos o tres veces al año voy de visita, pero al cabo de unos días me siento atado y con ganas de ver otras cosas. Tengo una relación de amor-odio con Euskadi, pero es mi casa», afirma. El futuro es «una ciencia poco exacta. Lo bueno es que todavía soy joven y tengo mucho que aprender».
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